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El Card. Burke conferirá la 1ª. Ordenación en México para la FSSP, y primera tradicional en décadas.

Por The Missive, FSSP. SummorumPontificum.mx . 14 de marzo de 2020.

Este próximo mes de junio, la FSSP celebrará su primera ordenación en México cuando Su Eminencia el Cardenal Raymond Leo Burke venga a Guadalajara para ordenar al Diácono Javier Ruiz Velasco Aguilar en Zapopan, Jalisco. Este feliz evento se llevará a cabo en conjunto con el 3er Congreso Anual ‘Summorum Pontificum’ que tendrá lugar este año en Guadalajara, así como con la 2da Convención Nacional de Una Voce México, y 3er. Encuentro Nacional de Educación en Casa, “Pilares de la Educación”, de la FSSP Guadalajara. Varios otros eventos igual de emocionantes han sido planeados también.

El Díacono Aguilar en su ordenación diaconal

El Congreso comenzará el jueves 11 de junio y concluirá el domingo 14 de junio. Para quienes no hable español, habrá disponible traducción simultánea de las conversaciones del Congreso los días jueves y viernes.

La ordenación tendrá lugar el viernes 12 de junio a las 4pm en la iglesia de San Juan Macías en Zapopan, la ciudad natal del futuro sacerdote. El Rev. Aguilar, quien será el primer sacerdote ordenado de la FSSP Guadalajara, celebrará su primera misa al día siguiente, el sábado 13 de junio a las 9:30 a.m. en la Basílica de Zapopan.

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Otros aspectos destacados del itinerario incluyen una Misa Pontifical y procesión el jueves por la tarde a las 6 p.m. para la fiesta de Corpus Christi, y una Misa Pontifical con Confirmaciones el domingo por la tarde a las 6 p.m.

Son todos bienvenidos a asistir a estos eventos. Las entradas para el Congreso (que no son necesarias para la Ordenación o las misas, que son de entrada libre) acaban de salir a la venta, y puede comprarlas y encontrar más información sobre el evento en www.summorumpontificum.mx +

The Missive. FSSP

Traducción de SummorumPontificum.mx

La Comunión Espiritual y los Frutos de la Misa

Por The Missive, FSSP. SummorumPontificum.mx . 3 de abril de 2020.

El siguiente artículo fue publicado en beneficio de los feligreses por uno de nuestros nuevos sacerdotes, el Rev. P. William Rock, pastor asistente de la Misión Mater Mísericordia, nuestro apostolado en Phoenix, Arizona [EE.UU.].


Con tantos de ustedes imposibilitados de asistir a Misa en este momento, creemos que esto es algo excelente para compartir con ustedes, para que puedan conocer los grandes beneficios de las muchas Comuniones Espirituales que están haciendo y de las Misas privadas que nuestros sacerdotes están ofreciendo por sus intenciones.

‘Comunión Espiritual y los Frutos de la Misa’

por el p. William Rock, FSSP.

En este turbulento momento, deben saber que Dios y su Iglesia no los han abandonado. Incluso con la prohibición de los servicios de misa pública y comunión, todavía hay muchas fuentes de gracia que están disponibles para ustedes. Me gustaría abordar dos de ellos aquí: Comuniones espirituales y los frutos generales de la misa.

Siguiendo las enseñanzas del Catecismo del Concilio de Trento (1), también conocido como el Catecismo Romano, hay tres formas en que uno puede recibir la Comunión:

(1) Sólo sacramentalmente;

(2) sacramental y espiritualmente; y

(3) sólo espiritualmente.

Aquellos que reciben la comunión sabiendo que están en estado de pecado mortal, reciben sólo sacramentalmente. Esto se debe a que, si bien realmente reciben el Cuerpo, la Sangre, el Alma y la Divinidad de Cristo bajo las apariencias de pan y vino, no reciben ningún beneficio espiritual. Por el contrario, incurren en un pecado adicional.

Aquellos que reciben la comunión sacramental y espiritualmente reciben el Cuerpo, la Sangre, el Alma y la Divinidad de Cristo bajo las apariencias de pan y vino, y reciben beneficios espirituales.

Aquellos que reciben la Comunión sólo espiritualmente, reciben los beneficios espirituales de la Comunión sin recibir el Cuerpo, la Sangre, el Alma y la Divinidad de Cristo bajo las apariencias de pan y vino.

El Catecismo, explica aún, que aquellos que reciben sólo espiritualmente “son aquellos que, inflamados con una fe viva que obra por amor (cf. Gálatas 5, 6), participan, anhelan y desean ese pan celestial”. Hay varias cosas de este pasaje que deben tenerse en cuenta.

La primera es que, para recibir sólo espiritualmente, uno debe estar en un estado de gracia, ya que la virtud teológica de la caridad y la gracia santificante siempre existen juntas. Entonces, uno debe tener la Gracia Santificante, o estar en un estado de gracia, para hacer una Comunión Espiritual. Si no estás en un estado de gracia, recibe la absolución sacramental tan pronto como puedas (y mientras tanto, reza Actos de contrición). [Nota del editor: Incluso en ausencia de misas públicas, muchas parroquias siguen ofreciendo confesiones. Consulte con su parroquia para más detalles].

Luego, es importante tener en cuenta que una Comunión Espiritual debe incluir un anhelo y un deseo de recibir sacramental y espiritualmente a pesar de que tal recepción no es posible en el momento presente. Sería suficiente, entonces, rezar al comenzar a hacer una Comunión Espiritual lo siguiente:

“Señor, deseo recibirte en una Comunión sacramental y fructífera, pero, como no puedo en este momento, deseo recibirte espiritualmente”,

y luego continúe orando como lo haría al recibir sacramental y espiritualmente. Hay oraciones recomendadas por la Iglesia para hacer una comunión espiritual [Nota del editor: la versión de San Alfonso Ma. de Ligorio se incluye al final de este artículo]. No tienen que usarse necesariamente, y,  uno puede extraer frases e ideas de ellos – basadas en las propias disposiciones de uno mismo –para preparar las propias.

Las Comuniones Espirituales se pueden hacer en cualquier momento durante el día o la noche, y tantas veces como se quiera. Uno no necesita estar en una iglesia, frente al Tabernáculo, o incluso frente a una imagen sagrada. Las Comuniones Espirituales se pueden hacer en cualquier lugar, aunque claramente, no sería adecuado hacerlas en lugares inadecuados para la virtud.

La comunión espiritual nos ofrece muchas gracias, incluso si no podemos recibir a Nuestro Señor sacramentalmente.

No debemos preocuparnos de que nuestra santificación se vea impedida de alguna manera por recibir sólo espiritualmente, y no ‘sacramental y espiritualmente’ durante este tiempo. Como dice el Catecismo, aquellos que reciben solo espiritualmente “reciben, si no todo [el beneficio espiritual de una Comunión sacramental y espiritual], al menos muy buenos frutos”. Entonces, las gracias recibidas de las Comuniones sólo espirituales, pueden ser tan grandes como las gracias recibidas en una Comunión ‘sacramental y espiritual’.

Pero, para recibir tantas gracias y frutos de una comunión espiritual como sea posible, o incluso de una comunión sacramental y espiritual, uno debe estar dispuesto adecuadamente. Cuanto mejor dispuesto esté, más gracias podrá recibir.

Para disponerse adecuadamente, uno debe rezar oraciones preparatorias antes de recibir sacramental y espiritualmente. Estas oraciones se pueden encontrar en misales en la mano y en otros lugares, o se puede rezar con las propias palabras. El tiempo que uno debe pasar rezando tales oraciones dependerá de los otros deberes que uno tiene que cumplir. Es por eso que es importante llegar con tiempo antes del comienzo de la misa para poder rezar estas oraciones, si está planeando recibir (recuerde que solo se requiere recibir la Comunión sacramentalmente una vez al año desde el primer domingo de Cuaresma hasta Domingo de la Trinidad en los Estados Unidos). También se podrían rezar estas oraciones en casa antes de partir hacia la iglesia si fuera difícil hacerlo en la iglesia.

Para que una comunión espiritual sea fructífera, uno debe disponerse de la misma manera, ajustando los textos de las oraciones según sea necesario. Los preparativos antes de recibir ya sea sacramental y espiritualmente o solo espiritualmente deben incluir alguna forma de Acto de Contrición.

Sin embargo, sabemos que asistimos a misa por algo más que solo recibir la comunión. Cuando asistimos a Misa, le damos a Dios la adoración que se le debe a Él como nuestro Creador y nuestro Redentor ofreciéndole sin sangre el sacrificio sangriento de Cristo en la Cruz. La doble Consagración del pan y el vino hace que el Sacrificio de la Cruz esté presente sacramentalmente. Como el sacrificio de Cristo está presente, los frutos de ese sacrificio se ponen a disposición de los fieles. Estos frutos se colocan en cuatro grupos: (1) frutos ministeriales, (2) frutos muy especiales, (3) frutos especiales y (4) frutos generales.

Los Frutos Ministeriales son aquellos frutos que se ofrecen a aquellos en cuyo nombre el Sacerdote está celebrando la Misa. La intención que figura en el boletín de la Misa, por ejemplo, sería el destinatario de estos frutos (si la intención es alguien que puede recibir esos frutos).
Los frutos muy especiales son aquellos que se ofrecen al mismo sacerdote que celebra. A medida que ofrece el Sacrificio de la Misa en persona Christi para los demás y para sí mismo, estos frutos están disponibles para él.

Los frutos especiales también son para aquellos que participan o contribuyen a la misa; es decir, que son ofrecidos a aquellos que están cooperando en ofrecer el Sacrificio de la Misa por cualquier acto externo (además del Sacerdote). Esta cooperación incluye estar físicamente presente en la Misa, pero también contribuir materialmente a la celebración de la Misa. Aquellos que han donado flores, velas, vestimentas, vasijas litúrgicas y otras cosas similares que se usan en una Misa, incluido el edificio de la iglesia, reciben estos frutos especiales de esa misa.

La cantidad de frutos ofrecidos a cada uno es proporcional “a su cercanía de cooperación” (2) al sacrificio. Por lo tanto, al servidor de altar en el santuario se le ofrecerán más frutos especiales que las que se ofrecerán a los que están en los bancas.

Los frutos especiales también son para aquellos que participan o contribuyen a la misa; es decir, que son ofrecidos a aquellos que están cooperando en ofrecer el Sacrificio de la Misa por cualquier acto externo (además del Sacerdote).
Foto: Jueves Santo en FSSP Minneapolis

Tenga en cuenta, sin embargo, que hay una diferencia entre los frutos que se ofrecen y los frutos que se reciben. La cantidad que se recibe depende de la disposición de uno. Por lo tanto, si bien se le puede ofrecer más frutos al Servidor de Altar, es posible que reciba menos que algunas en los bancas, ya que, aunque se les ofreció menos, estaban mejor dispuestos y, por lo tanto, en realidad recibieron más que el Servidor. Por eso, nuevamente, las oraciones de preparación antes de la Misa son tan importantes, no solo para la recepción de la Comunión, sino también para recibir los frutos que estarán disponibles y para ofrecer dignamente el Sacrificio de la Misa a través de las manos del Sacerdote.


Por último están los frutos generales: Estos frutos se ofrecen a todos los miembros de la Iglesia, e incluso a los que están fuera de la Iglesia para su conversión. Para obtener estos frutos, una vez más, uno debe estar dispuesto adecuadamente. Esta es la razón por la cual las oraciones y las ofrendas matutinas son tan importantes y por qué uno debe incluir en las oraciones matutinas las palabras en el sentido de “Señor, durante el curso de este día, concédeme cualquier Indulgencia cuyos requisitos pueda cumplir y todos los frutos disponibles para mí. que fluye de todas las Misas, dijo en todo el mundo hoy “. Como las Misas se seguirán diciendo en privado durante este tiempo, deben aprovechar estas Frutos Generales que se producen. Además, si siente que califica para Frutos Especiales debido a cualquier contribución que haya hecho, asegúrese de pedir esas frutos también.

Esperemos que pueda ver que las prácticas explicadas anteriormente no se deben usar solo durante este tiempo infeliz. Estas lecciones deben integrarse en la vida espiritual de cada cristiano para que cada uno pueda extraer de todas las abundantes fuentes de gracia disponibles para él. +

Comunión espiritual de San Alfonso Ma. de Ligorio:

Jesús mío, creo que estás presente en el Santísimo Sacramento. Te amo por encima de todas las cosas y deseo recibirte en mi alma. Como ahora no puedo recibirte sacramentalmente, entra al menos espiritualmente en mi corazón. Te abrazo como si ya estuvieras allí, y me uno completamente a ti. Nunca permitas que me separe de ti.

Amén.

(1) Parte II: Los sacramentos – La Eucaristía

(2) O’Connell, La celebración de la misa (1964), p. 39, n. 6)

The Missive. FSSP

Traducción de Cecilia Rodríguez

SummorumPontificum.mx

Obispos preguntan a Jóvenes por qué se quedaron en la Iglesia Católica. Responden: ‘Por la Misa Tradicional’

“Ver la belleza en la tradición de la Iglesia y la reverencia en la misa tradicional. Este tipo de misa llevó a un encuentro con Cristo en la Eucaristía”.

“La disponibilidad de la Misa Tradicional, me hizo quedarme. Allí encontré reverencia y una llamada a vivir cada vez más profundamente una vida de amor sacrificial, y a luchar por el Cielo todos los días”.

Por Claire Chretien. SummorumPontificum.mx . 2 de abril de 2020.

La Conferencia de Obispos de los Estados Unidos (USCCB por sus siglas en inglés) preguntó a jóvenes católicos que no han abandonado la fe, ¿qué los hizo quedarse? Si bien su respuesta es sorpresiva para muchos, no lo será para cualquiera que esté familiarizado con el estado de la Iglesia hoy en día.


Antes que nada, hay que felicitar a la USCCB por preguntar a los jóvenes por qué se han quedado en la Iglesia en lugar de abandonarla; con demasiada frecuencia el liderazgo de la Iglesia toma sus indicadores sobre la catequesis y la evangelización de aquellos que objetan varias doctrinas católicas. También se debe felicitar a la USCCB por reconocer que los adultos jóvenes son una mejor autoridad en la “juventud” que los baby boomers liberales del Vaticano II, cuyo control sobre la vida de la Iglesia ha producido memes como “Susanita la del Consejo Parroquial”.

Muchos de los comentarios con más “Me gusta” sobre esta pregunta planteada a los seguidores de la USCCB en Facebook fueron sobre la Misa Tradicional en Latín (MTL), el hermoso y antiguo rito de la Misa que fue codificado en el Concilio de Trento. Ha habido un resurgimiento en la última década, aproximadamente, desde que el Papa Benedicto XVI aclaró que el Concilio Vaticano II nunca abrogó esta forma de la misa, y que los sacerdotes no necesitan el permiso de sus obispos para ofrecerla.

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Gran parte de este resurgimiento ha sido de mi generación. La belleza, la bondad y la verdad de Misa antigua nos atraen. Es de otro mundo. Dirige nuestros pensamientos al cielo y a Dios. No es un espectáculo que el sacerdote pone para la congregación. La Misa antigua ayuda a las almas a llegar al cielo. Hace que la gente sea católica, porque ésta es católica – mucho más católica que gran parte de lo que sucede en las parroquias en la mayor parte de Occidente.

“Tengo 23 años”, comentó una joven. “Permanezco debido a la verdad arraigada en la tradición que se encuentra en la Iglesia, especialmente en la Misa Tradicional en Latín”.

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“Descubrir la Misa Tradicional en Latín, y aprender sobre todas las hermosas enseñanzas tradicionales de nuestra Iglesia es lo que me ha mantenido católico”, dijo otro.

Un millennial de 24 años: “Ver la belleza en la tradición de la Iglesia y la reverencia en la misa tradicional. Este tipo de misa llevó a un encuentro con Cristo en la Eucaristía”, escribió un joven. “La música tradicional, el incienso, y la hermosa arquitectura tradicional de la iglesia. A través de padres que fueron grandes modelos de la fe y estuvieron muy involucrados en enseñarnos la fe y el ‘Por qué’ de las enseñanzas de la iglesia y de María. Me enseñaron el amor de Dios y cómo cuando nos esforzamos por amar a Dios en todas nuestras acciones, esto nos permite convertirnos plenamente en la persona que Dios nos hizo ser y que nos lleva a la felicidad”.

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Otros comentarios en la publicación de USCCB en Facebook reflejaron el mismo sentimiento:

“Descubrir la misa tradicional en latín fortaleció mi fe. La encontré en un momento estando en la universidad cuando me desconecté. Mi esposo no creció asistiendo a la iglesia, se convirtió en católico y también amó la misa en latín”.

“La Misa Tradicional en Latín que incluye la reverencia, la verdadera adoración, la petición y la Acción de Gracias de la Eucaristía. Sólida enseñanza católica sin error ni insinuaciones emocionales. ¡Muy agradecido por el Instituto de Cristo Rey Sumo Sacerdote! La Iglesia Católica es la verdadera fe en la que se encuentra la salvación”.


“Después de que mi novio (ahora esposo) me introdujera en la Forma Extraordinaria de la Misa, he cambiado mi carrera de maestra de música de primaria por una Maestría en Música Sacra. Mi corazón arde en deseos de compartir el regalo de nuestra herencia musical católica milenaria y reclamar esas piezas para el contexto de la liturgia en lugar de un escenario para conciertos (donde las he realizado en el pasado). Además, mi esposo y yo manejamos 30 minutos a nuestra parroquia que tiene la Forma Extraordinaria… así como una hermosa y adecuadamente ejecutada Forma Ordinaria. Recientemente descubrimos que hay un grupo de aproximadamente otras 20 familias jóvenes de nuestra área que hacen lo mismo después de haber descubierto la Forma Extraordinaria en los últimos años. Nuestra parroquia está creciendo, aumentando principalmente con adultos y familias jóvenes. Ver tal cuidado por la liturgia y aprender más sobre la liturgia y los tesoros de nuestra Iglesia me ha convertido en un católico aún más entusiasta que nunca en mi vida”.

“La disponibilidad de la Misa Tradicional (Forma Extraordinaria, como es llamada actualmente), me hizo quedarme. Allí encontré reverencia y una llamada a vivir cada vez más profundamente una vida de amor sacrificial, y a luchar por el Cielo todos los días”.

Fuente: Dominus Est

LA IMPORTANCIA DE LA SOTANA. Hagamos visible el Sacerdocio

Yo visto la sotana en realidad por el 96 % que no vienen a la iglesia, porque sabe usted, toda esta multitud que está al exterior, que no va a las iglesias, ¿cómo quiere usted que tengan ellos la oportunidad de encontrar un sacerdote?

P. Michel-Marie Zanotti Sorkine

Por P. Michel-Marie Zanotti Sorkine. SummorumPontificum.mx . 1 de abril de 2020.

VER VIDEO:

P. Michel Marie: Yo creo, vea usted, que el sacerdocio debe ser visible. Es necesario que podamos…

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¿Pero por qué viste usted – si me lo permite – una sotana?

P. Michel Marie: Sí, la sotana, yo la visto en realidad por el 96 % que no vienen a la iglesia, porque sabe usted, toda esta multitud que está al exterior, que no va a las iglesias, ¿cómo quiere usted que tengan ellos la oportunidad de encontrar un sacerdote?

Es necesario que en los bares por donde voy, en ese gran boulevard a donde bajo todos los días, haya la posibilidad para todo el mundo de acercarse a mí, de hablarme, de confiarme cualquier cosas de su vida. Esta sotana es esencial.

Foto: Fraternidad Sacerdotal San Pedro en México

¿Así sucede?

P. Michel Marie: Así sucede, y creo que deberíamos verdaderamente hacer en esto un gran examen de conciencia, porque somos actualmente 15.000 sacerdotes en Francia, démonos cuenta, 9.000 están activos creo. Hay también 40.000 religiosas. Estoy seguro de que si todo el mundo – por un decreto que cayera del Cielo – se pusiera su sotana, tomara el velo, ¿qué pasaría? Pasaría que diariamente la gente encontraría servidores de Dios, y la Iglesia retomaría su lugar en el campo social.

Usted no hará amigos diciendo esto.

P. Michel Marie: Pero no importa, yo lo digo por el Señor y por el futuro del Cristianismo.

Fuente: Una Voce BAJA

Un capítulo de Una Voce México

Portada: Fraternidad Sacerdotal San Pedro en México

Jesús se ocultó Él mismo

Entonces tomaron piedras para arrojarlas sobre Él. Pero Jesús se ocultó y salió del Templo.

Juan 8, 59, las últimas palabras del Evangelio del Domingo de Pasión.

La Pasión comenzó temprano para la mayoría de nosotros este año. Ya estamos sufriendo la separación de Cristo al soportar la suspensión de las Misas públicas… nos da más tiempo para reflexionar sobre las formas en que hemos dado por sentado su presencia entre nosotros y cómo hemos fallado en amar el Santísimo Sacramento como deberíamos.

Por The Missive, FSSP. SummorumPontificum.mx . 31 de marzo de 2020.

Una imagen cubierta en FSSP Warrington

El domingo pasado fue el comienzo de la Pasión, las últimas dos semanas de Cuaresma, cuando Nuestro Señor, en un sentido muy literal, se esconde de nuestra vista. Desde ahora hasta la Vigilia Pascual, todas las estatuas e imágenes en nuestras iglesias serán cubiertas, y los crucifijos serán develados durante la liturgia del Viernes Santo. Las estatuas veladas son un recordatorio sombrío de que Nuestro Señor se retira de nosotros, y pronto serán totalmente eliminadas de nuestra vista. El obispo medieval francés, Durandus, hace la conexión entre el velo de las imágenes con la forma en que Cristo veló su divinidad durante su Pasión. Como dice el profeta Isaías, “como alguien de quien uno aparta su rostro, le deshonramos y le desestimamos” (Is. 53, 3).

Fraternidad Sacerdotal San Pedro en Roma

Parece que la Pasión comenzó temprano para la mayoría de nosotros este año. Ya estamos sufriendo la separación de Cristo al soportar la suspensión de las Misas públicas debido al coronavirus, y tal vez la llegada de la Pasión nos traerá a casa los frutos potenciales de esta separación. A través de la separación de Cristo de nosotros que se repite cada año, la Iglesia desea no solo recordar los eventos históricos de la Pasión de Cristo en nuestras mentes, sino también, tal vez, revitalizar ese amor por Él que a menudo se vuelve tibio durante todo el año.

La separación provocada por el coronavirus, cada vez más larga, más profunda y más difícil, nos da más tiempo para reflexionar sobre las formas en que hemos dado por sentado su presencia entre nosotros y cómo hemos fallado en amar el Santísimo Sacramento como deberíamos. La ausencia realmente hace que el corazón se vuelva más cariñoso y, tal vez cuando todo esto termine, cuando finalmente nos reunamos con nuestro Señor ausente, se producirá una renovación de amor y fe en nuestros propios corazones, en aquellos que se han alejado de Él, y tal vez incluso en aquellos que nunca lo han conocido. Así que manténganse fuertes, amigos fieles. Nuestra Pascua llegará. +

Transmisión en vivo de la Santa Misa en FSSP Ciudad de México

Transmisión en vivo de todas las Misas, disponible a través de LiveMass (St. Sebastian Project)

Y por las páginas de Facebook y canales de YouTube de Summorum Pontificum México, y Fraternidad Sacerdotal San Pedro en México.

The Missive. FSSP

Traducción de SummorumPontificum.mx

*Foto de portada FSSP Warrington, por John Aron.

¿Sabías que Dios se sirve de tu paciencia para concederte gracias?

¡No es justo hacer favores a un ingrato, Señor! Pero yo no imploro tu justicia, sino tu misericordia.


Por Il Cammino dei Tre SentieriSummorumPontificum.mx . 29 de marzo de 2020.

De ‘Confianza en la Divina Providencia’, de Juan Bautista Saint-Jure[1]

No os canséis nunca de pedir, sed constantes, sed infatigables en vuestras peticiones. Si hoy os es negado aquello que pedís, mañana obtendréis todo; si este año no recogéis nada, el año que viene os será más favorable; no sufran mientras que vuestra pena sea inútil: todos vuestros suspiros son tomados en cuenta; encontraréis en proporción del tiempo que hayáis empleado en pedir; estáis acumulando un tesoro que os satisfará todo de un golpe, que sobrepasará vuestros deseos.


(…) el rechazo que ahora te es dado, no es mas que una máscara de la que Dios se sirve para inflamar aún más tu fervor. ¿Ves cómo se comporta con la Cananea, cómo se niega a mirarla y escucharla, cómo la trata como extraña e incluso muy duramente? ¿No dirías tal vez que la impertinencia de aquella mujer lo irrita cada vez más? Sin embargo, por dentro la admira, sigue fascinado por su confianza y su humildad. Y es por esto que la rechaza.

¡Oh clemencia escondida que asumes la máscara de la crueldad, con qué ternura rechazas a los que más quieres escuchar!

Guárdate entonces de dejarte engañar por el contrario, insiste mucho más, cuanto más te parecerá ser rechazado.

Haz como la Cananea, sírvete responder a Dios con las mismas razones que Él pueda tener en rechazarte. Cierto es que favorecerme – debes decirle – sería como darle a los perros el pan de los hijos[2]. No merezco en absoluto la gracia que pido, pero no pretendo que me la concedas en vista de mis méritos, sino por los méritos de mi amable Redentor.

Sí, Señor, debes mirar menos mi indignidad y más tu promesa, y queriendo hacerme justicia no vayas contra ti mismo. Si fuese más digno de tus beneficios, sería menos glorioso para ti concedérmelos. ¡No es justo hacer favores a un ingrato, Señor! Yo no imploro tu justicia, sino tu misericordia.


(…)

¡No te des descanso! Él ama la violencia que le presentas, quiere ser vencido. Hazte notar por impertinencia, muestra en ti un milagro de constancia; obliga a Dios a abandonar la máscara y a decirte con admiración:

‘Magna est fides tua, fiat tibi sicut vis’ [3]: ¡Oh, hombre, qué grande es tu fe!; te confieso que ya no puedo resistirte: ve, tendrás lo que deseas, para esta vida y para la otra.


Dios es Verdad, Bondad y Belleza

Il Cammino dei Tre Sentieri 

Fuente: Una Voce BAJA

Experimentando la belleza de la Misa Tradicional de primera mano

El mundo es un lugar hermoso pero desordenado, infundido de gracia pero herido por el pecado, nublado por la ambigüedad y a menudo desfigurado por la crueldad y la oscuridad.

Al mirar los arcos de la iglesia de Santa María y su techo abovedado, tuve la visión interior de que esta magnífica estructura de resurgimiento gótico fue construida específicamente para la solemnidad de la Misa en latín. Los inmigrantes irlandeses que construyeron esta iglesia en 1869, lo hicieron teniendo la Misa en latín en mente – una Misa que sirve como recordatorio de la majestad de Dios y de las glorias que esperan a los fieles en el cielo.

Por Brian Fraga. OSVNews. SummorumPontificum.mx . 27 de marzo de 2020.

El mundo es un lugar hermoso pero desordenado, infundido de gracia pero herido por el pecado, nublado por la ambigüedad y a menudo desfigurado por la crueldad y la oscuridad.

Pero en la Iglesia de Santa María en Providence, Rhode Island, el mundo exterior parece derretirse todos los domingos por la mañana en medio de una encantadora mezcla de polifonía sacra, incienso y antiguas preces en latín.

“La primera vez que vine aquí, me sorprendió lo hermosa que era la misa”, dijo Paul Paille, un residente de Providence de 27 años que trabaja en Finanzas. En su mano izquierda, sostenía su propio Misal de 1962 para la Misa Tradicional en Latín.

“Cuando empiezas a asistir a la Misa en latín, piensas: ‘¿Qué está pasando? No sé todas las oraciones. No sé lo que dice el sacerdote. Todo es muy extraño’”, dijo Paille. “Definitivamente me llevó unos tres o cuatro meses acostumbrarme a lo que estaba sucediendo”.

Paille ha asistido desde enero a la Misa en latín – también conocida como Misa en la Forma Extraordinaria – no mucho después de que la Fraternidad Sacerdotal de San Pedro (FSSP), estableció un apostolado en la Iglesia de Santa María en Broadway por invitación del Obispo Thomas J. Tobin de Providence.

Apostolado de la Fraternidad Sacerdotal San Pedro (FSSP) en Conshohocken, Filadelfia. / Fotografía: Allison Girone

Un crecimiento extraordinario

En poco más de un año, la Fraternidad Sacerdotal de San Pedro – una sociedad de vida apostólica de Derecho Pontificio, que se especializa en celebrar la liturgia tradicional en latín de la Iglesia – ha visto crecer en más de 300 feligreses su apostolado de Providence, Rhode Island. El apostolado de la FSSP en Filadelfia, también establecido el año pasado, cuenta ya con 400 feligreses.

Ese tipo de rápido crecimiento se ha visto en otros apostolados de la Fraternidad (FSSP) en todo Estados Unidos. En su censo anual de octubre, la FSSP informó que su primer apostolado norteamericano en Dallas, establecido en 1991, ha visto crecer su congregación dominical en un 24 por ciento en el último año. Algunas comunidades FSSP buscan adquirir o construir iglesias más grandes para satisfacer la creciente demanda de su espiritualidad católica tradicional.

“Tan solo en las misas de las 9 a.m. y a las 11 a.m. ha habido iglesia llena con gente de pie, la semana pasada hubo quizás el número de asistentes más grande que hemos visto”, dijo el padre Robert Boyd, un sacerdote diocesano que hace unos años se unió al apostolado de la FSSP en Pequannock, New Jersey.

Varios observadores y sociólogos católicos que estudian religión ofrecen diferentes razones por las cuales las comunidades católicas tradicionales están creciendo en un momento en que la Iglesia, especialmente en sus fortalezas históricas en el noreste y medio oeste, está perdiendo miembros, lo que lleva a los obispos a cancelar las escuelas católicas y cerrar, o fusionar parroquias.

Algunos sostienen que la FSSP y otras comunidades tradicionales ofrecen un refugio seguro para los católicos que viven en una cultura cada vez más hostil a las creencias cristianas tradicionales sobre el matrimonio, la familia, la moral sexual y la persona humana.

Pero para los católicos como Paille, que creció asistiendo a una misa regular en idioma inglés, la belleza y la reverencia que encuentran en la misa en latín – de la cual el Papa Benedicto XVI permitió la más amplia celebración en su carta apostólica de 2007 Summorum Pontificum [ver aquí] – es lo que los atrae a la liturgia tradicional.

“La razón por la que asisto es porque aquí hay algo que no creo que entres en la misa Novus”, dijo Paille. “Aquí, está muy enfocada en Cristo, y en el Novus Ordo [Misa en la Forma Ordinaria] se trata más sobre la comunidad… Quiero que la Misa se centre en el sacrificio de la Misa, que es realmente de lo que se trata, no de la gente”, agregó Paille.

Experiencia de primera mano

He asistido a Misa en lengua vernácula toda mi vida y la encuentro muy Cristo céntrica, pero puede entenderse la atracción hacia la liturgia tradicional presentada en la Misa en la Forma Extraordinaria, lo cual entendí a principios de noviembre en la iglesia de Santa María en Providence.

La primera impresión que tuve al asistir a Misa cantada a las 10 a.m. fue la elaborada ceremonia, en cómo cada movimiento del sacerdote celebrante en el altar parecía estar imbuido de un simbolismo arraigado en la Trinidad. Pude ser capaz de apreciar esto a pesar de que no siempre tuve éxito en seguir un folleto que explicara la liturgia.

Por supuesto, hay diferencias obvias entre las Misas en la forma ordinaria y la forma extraordinaria – el sacerdote mira hacia el altar, no hacia la congregación, y muchas de sus oraciones no son audibles; una lectura del Nuevo Testamento y un pasaje del Evangelio fueron cantados en latín y luego leídos de nuevo en inglés justo antes de la homilía. Pero la estructura básica de la Misa es familiar, y escuchar el Gloria, Kyrie Eleison, el Credo, Hosanna en excelsis y Agnus Dei cantados en latín me hizo pensar cuán grandioso sería si más misas en inglés [en español] incorporaran algo de latín los domingos.

En algunos círculos católicos, las comunidades tradicionales son vistas con sospecha y estereotipadas como aisladas, críticas y hostiles hacia los extraños. No recibí malas miradas durante la misa, en especial porque la mayoría de las personas que vi estaban en oración tan profundamente que probablemente ni siquiera notaron al católico Novus Ordo buscando en su folleto.

“Mi experiencia es que todos aquí han sido caritativos y acogedores con los recién llegados”, dijo Paille.

Observar a la comunidad FSSP en la misa también me hizo darme cuenta de que estaba presenciando una liturgia que habría sido bastante familiar para mis antepasados en Portugal. La mayoría de las mujeres, aunque no todas, usaban mantillas (velos de encaje). La congregación era una mezcla de jóvenes y viejos, con muchos adultos jóvenes y familias con niños, incluidos bebés llorando.

El sacerdote subió al elevado púlpito y pronunció una homilía sobre la necesidad de la gracia santificante para la salvación, y cómo las buenas obras realizadas en estado de pecado mortal “no son suficientes para abrir las puertas del cielo”. El sacerdote habló sin micrófono; me pregunté por qué, y luego recordé que en los días anteriores a la electricidad, un sacerdote necesitaba amplificar su voz sin la ayuda de un equipo de sonido.

Además, al mirar los arcos de la iglesia de Santa María y su techo abovedado, tuve la visión interior de que esta magnífica estructura de resurgimiento gótico fue construida específicamente para la solemnidad de la Misa en latín. Los inmigrantes irlandeses que construyeron esta iglesia de Santa María en 1869, lo hicieron teniendo la Misa en latín en mente – una Misa que sirve como recordatorio de la majestad de Dios y de las glorias que esperan a los fieles en el cielo.

Iglesia de Santa María en Rhode Island, apostolado de la Fraternidad Sacerdotal de San Pedro (FSSP)

La Iglesia Católica es una gran carpa, y hay mucho espacio para diferentes espiritualidades, incluso para nuestros hermanos y hermanas que tienen un Misal en latín.

Brian Fraga es un editor colaborador de nuestro sitio ‘Our Sunday Visitor’ [OSVNews].

Fuente: Una Voce BAJA

Portada: Allison Girone

“LA MISA TRADICIONAL ME HA HECHO UN MEJOR SACERDOTE”: Testimonio de un Sacerdote que celebra Misa Tradicional

¿No habrá llegado el momento de que todos los sacerdotes del Rito Romano, en especial los seminaristas, profundicen en su conocimiento del Sacrificio del Altar aprendiendo la Misa tradicional?


Por UNA VOCE CHILE, Asociación Litúrgica Magnificat.  SummorumPontificum.mx . 26 de marzo de 2020.

Les ofrecemos a continuación, extraída de la web del capítulo chileno de la Federación Internaciónal Una Voce, la Asociación Litúrgica Magnificat, una traducción propia de un valioso testimonio aparecido en el sitio norteamericano Liturgy Guy (el original puede leerse aquí, en inglés). En él, un sacerdote nos cuenta cómo el haber aprendido a celebrar la Misa tradicional lo ha hecho un mejor sacerdote. Conservando la celebración birritual, el sacerdote da cuenta de cómo el conocimiento de la Misa tradicional lo ha ayudado también a celebrar la Misa de Pablo VI de un modo más digno y con mayor recogimiento, proceso de enriquecimiento anhelado por S.S. Benedicto XVI al promulgar el motu proprio Summorum Pontificum. Ojalá testimonios como estos conduzcan a los obispos a atender al llamado del Papa emérito de poner a disposición de los seminaristas la posibilidad de aprender la liturgia perenne de la Iglesia. UNA VOCE SEVILLA

La Misa tradicional me ha hecho un mejor sacerdote

Al aproximarse la Iglesia al aniversario del motu proprio Summorum Pontificum de Benedicto XVI, ha tenido lugar otro aniversario en la Iglesia de Santa Ana, en Charlotte, Carolina del Norte: se cumplieron más de 10 años desde que se volvió a celebrar la Misa tradicional en Charlotte. Desde aquella primera Misa rezada, de un sábado 31 de mayo de 2008 en la mañana, la Misa tradicional no ha dejado de hacerse más disponible y más popular en la ciudad.

Recientemente pregunté al párroco de Santa Ana, el P. Timothy Ried (metodista converso, que apareció hace poco en el programa “The Journey Home”, de EWTN) cómo le ha impactado el antiguo rito en su calidad de sacerdote:

“Después de años de celebrar la Misa tradicional, puedo decir que ella me ha hecho un mejor sacerdote. Me ha hecho amar estar sumergido en su tradición, y ser formado por sus rúbricas y oraciones. Lo más importante es que, celebrar la Misa tradicional, me ha hecho mejorar la forma en que celebro la Misa Novus Ordo. La disciplina que exige la Misa tradicional en su celebración se ha trasladado al modo como celebro la Misa Novus Ordo. Ciertamente he experimentado el mutuo enriquecimiento que Benedicto XVI esperaba que se produjera cuando se celebraran, una al lado de la otra, la Misa tradicional y la Misa Novus Ordo, y pienso que lo mismo ha experimentado nuestra parroquia. Creo firmemente tener un nuevo y mayor aprecio por la inmensa dignidad de la Misa”.

Esta respuesta del P. Ried no debiera sorprendernos. De hecho, he oído a otros sacerdotes expresar los mismos sentimientos cuando celebran la Misa tradicional. Unánimemente han declarado una mayor comprensión del Santo Sacrificio y de su sacerdocio, debido a haber tenido la experiencia del rito antiguo.

S.E. Alexander King Sample, Arzobispo de Portland, Oregon celebrando Misa Tradicional con Padres de la Fraternidad Sacerdotal San Pedro (FSSP)

Cabe recordar que el Arzobispo Alexander K. Sample, de Portland, Oregon, analizó estos mismos beneficios al dirigirse a la Conferencia Sacra Liturgia en Roma, en 2013. En esa ocasión dijo: “Estas son las razones por las que urjo a los obispos a que se familiaricen con el usus antiquior como un medio para lograr para sí mismos una formación litúrgica más profunda y más sólida, que sirva como punto de referencia para llevar a cabo la renovación y reforma de la liturgia en la Iglesia local. Por experiencia propia puedo decir que mi estudio de los antiguos ritos litúrgicos y su celebración han tenido un enorme impacto en mi propio aprecio de nuestra tradición litúrgica, y han fortalecido mi comprensión de los nuevos ritos y su celebración”.

Haciéndose eco de los mismos sentimientos expresados por el P. Ried, el Arzobispo Sample agregó: “El obispo debería también animar a sus seminaristas a que se familiaricen con ese usus antiquior, no sólo por la posibilidad de que puedan ser llamados a celebrar esta forma de la Misa para beneficio de los fieles, sino también para que, como futuros sacerdotes, puedan apreciar la profunda y rica tradición litúrgica de la que derivan los ritos reformados…”.

La verdad es que el rito romano tiene en la actualidad dos formas: la forma ordinaria (la Misa introducida en 1970), y la forma extraordinaria (una liturgia que data de los primeros siglos, y que ha permanecido casi intacta desde el primer milenio).

¿No es ya tiempo de que la Iglesia escuche a estos hombres que celebran ambas formas del Rito Romano, como el Arzobispo Sample y el P. Ried? ¿No habrá llegado el momento de que todos los sacerdotes del Rito Romano, en especial los seminaristas, profundicen en su conocimiento del Sacrificio del Altar aprendiendo la Misa tradicional?

Religión en libertad ha publicado un vídeo de la cuarta edición del congreso Ars Celebrandi, celebrado en la basílica de Nuestra Señora de Lichen (Polonia), durante el cual cuarenta sacerdotes polacos con destinos pastorales en todo el mundo aprendieron a celebrar la Misa tradicional y un centenar de laicos aprendieron a servirla, adquiriendo además una formación básica en gregoriano y polifonía.

FUENTE: Asociación Litúrgica Magnificat y Una Voce Sevilla

SummorumPontificum.mx

Fotografías: Apostolados de la Fraternidad Sacerdotal San Pedro

Portada: Karilú Valdés

‘El Dios de las sorpresas’ está llamando a los jóvenes a adorarle en la Misa Tradicional

Esta es una manifestación del “Dios de las Sorpresas”, como nos recuerda constantemente el Papa Francisco… Quizá, el aumento en la asistencia a estas Misas Tradicionales es un movimiento del Espíritu Santo.

Por The Rhode Island CatholicSummorumPontificum.mx . 24 de marzo de 2020.

En días pasados, el periódico The Washington Examiner publicó un artículo titulado, “Las Parroquias Tradicionales crecen a pesar de que el Catolicismo disminuye” [ver aquí]. El artículo comienza:

“Las parroquias católicas tradicionales dirigidas por una fraternidad sacerdotal están creciendo en los Estados Unidos, desafiando la tendencia del mayor declive en la Iglesia católica estadounidense comparado con las décadas anteriores. Durante el año pasado, las parroquias dirigidas por la Fraternidad Sacerdotal de San Pedro [FSSP], una sociedad de sacerdotes dedicados a celebrar la forma tradicional en latín de la Liturgia Católica, han reportado grandes aumentos en la asistencia a la misa dominical” [ver aquí].

S.E. el Obispo Athanasius Schneider celebrando Misa Tradicional en la iglesia de St. Mary, apostolado de la FSSP en Providence, Rhode Island.

El Washington Examiner también citó un par de encuestas que afirman que los ex católicos tienden a abandonar la Iglesia a una edad temprana, una encuesta muestra que casi el 80% de los ex católicos abandonan la fe antes de los 23 años de edad. Aproximadamente la mitad de los millennials, aquellos nacidos entre principios de los años 80 y mediados de los 90, que fueron criados como católicos, ya no se identifican como tales.

Dos encuestas de ex católicos de la última década han descubierto que quienes abandonaron la Iglesia Católica, usualmente lo hicieron porque perdieron interés en la religión lentamente, dejaron de creer en las enseñanzas de la Iglesia y no tuvieron cubiertas sus necesidades espirituales.

Incluso en la Diócesis de Providence, ha habido un interés creciente en la celebración de la Misa en la Forma Extraordinaria por parte de los adultos jóvenes y las familias. La semana pasada, en la Iglesia de Santa María en Providence [Rhode Island], el Obispo Athanasius Schneider, obispo auxiliar de Astana, Kazajistán, ordenó al sacerdocio a un joven de la Fraternidad Sacerdotal de San Pedro (FSSP) durante la misa celebrada en la Forma Extraordinaria.

La Iglesia estaba completamente llena, con la asistencia de cerca de 40 sacerdotes, así como muchas familias jóvenes, y niños. Quizá, como el Papa Francisco nos recuerda constantemente, esta es una manifestación del “Dios de las Sorpresas”.

Primeras comuniones en St. Anne Catholic Church. Apostolado de la FSSP en San Diego, CA.

El Papa Francisco nos alienta a estar abiertos al movimiento del Espíritu Santo. Quizá, el aumento en la asistencia a estas Misas Tradicionales es un movimiento del Espíritu Santo.

El Papa Francisco nos alienta a estar abiertos al movimiento del Espíritu Santo.

Fuente: Una Voce BAJA

Imágenes: Karilú Valdés

Mensaje sobre el Combate contra el Coronavirus, COVID-19: Card. Raymond L. Burke

Si, por alguna razón, no podemos tener acceso a iglesias y capillas, debemos recordar que nuestros hogares son una extensión de nuestra parroquia, una pequeña Iglesia en la que podemos acoger a Cristo, preparando el encuentro con Él en la Iglesia más grande. Dejemos que nuestros hogares, durante este tiempo de crisis, reflejen la verdad de que Cristo es el invitado de honor en cada hogar cristiano. Volvamos a Él a través de la oración, especialmente el Rosario, y de otras devociones. Si la imagen del Sagrado Corazón de Jesús, junto con la imagen del Inmaculado Corazón de María, aún no está entronizada en nuestro hogar, ahora sería el momento de hacerlo.

-Card. Raymond Leo Burke

Por S.E. Card. Raymond Leo Burke. El Perú necesita de Fátima. SummorumPontificum.mx . 23 de marzo de 2020.

Queridos amigos:

Desde hace algún tiempo, hemos estado en combate contra la propagación del coronavirus, COVID-19. Por todo lo que podemos decir —y una de las dificultades del combate es que aún queda mucho por aclarar sobre la peste—, la batalla continuará por algún tiempo. El virus involucrado es particularmente insidioso, ya que tiene un período de incubación relativamente largo, algunos dicen 14 días y otros 20 días, y es altamente contagioso, mucho más contagioso que otros virus que hemos experimentado.

Uno de los principales medios naturales para defendernos contra el coronavirus es evitar cualquier contacto cercano con los demás. Es importante, de hecho, mantener siempre una distancia, algunos hablan de un metro y otros hasta de dos metros lejos del otro, y, por supuesto, evitar reuniones de grupo, es decir, reuniones en las que las personas están muy cerca unas de otras. Además, dado que el virus se transmite por pequeñas gotas emitidas cuando uno estornuda o se suena la nariz, es fundamental lavarse las manos con frecuencia con jabón desinfectante y agua tibia durante al menos 20 segundos y usar desinfectante para manos y toallitas descartables. Es igualmente importante desinfectar las mesas, sillas, repisas, etc., sobre las cuales estas gotitas pueden haber caído y desde las cuales son capaces de transmitir el contagio por algún tiempo. Si estornudamos o nos sonamos la nariz, se nos aconseja usar un pañuelo facial de papel, descartarlo de inmediato y luego lavarnos las manos. Por supuesto, aquellos que son diagnosticados con el coronavirus deben ser puestos en cuarentena, y aquellos que no se sientan bien, incluso si no se les ha diagnosticado que padecen el coronavirus, deben, por caridad hacia los demás, permanecer en casa, hasta que se sientan mejor.

Viviendo en Italia, en donde la propagación del coronavirus ha sido particularmente letal, especialmente para los ancianos y para aquellos que ya se encuentran en un estado de salud delicada, me siento edificado por el gran cuidado que los italianos toman para protegerse a sí mismos y a los demás del contagio. Como ya habrán leído, el sistema de salud en Italia está puesto severamente a prueba en su esfuerzo de proporcionar la hospitalización necesaria y el tratamiento de cuidados intensivos para los más vulnerables. Les ruego rezar por los italianos y, en modo especial, por aquellos para quienes el coronavirus puede ser fatal, bien como por aquellos encargados de su asistencia. Como ciudadano de los Estados Unidos, he estado siguiendo la situación de la propagación del coronavirus en mi tierra natal y sé que las personas que viven en los Estados Unidos están cada vez más preocupadas con detener su propagación, por temor que una situación como la de Italia se repita en casa.

Toda esta situación ciertamente nos conduce a una profunda tristeza y también al temor. Nadie quiere contraer la enfermedad relacionada con el virus o que alguien la contraiga. Especialmente no queremos que nuestros seres queridos mayores u otras personas que sufren de salud corran peligro de muerte por la propagación del virus. Para luchar contra la propagación del virus, todos estamos en una especie de retiro espiritual forzado, confinados entre paredes, y privados de la posibilidad de mostrar señales habituales de afecto a familiares y amigos. Para quienes están en cuarentena, el aislamiento es claramente aún más severo, al no poder tener contacto con nadie, ni siquiera a distancia.

Como si la enfermedad asociada con el virus no fuera suficiente para preocuparnos, no podemos ignorar la devastación económica que ha causado la propagación del virus, con sus graves efectos en los individuos y las familias, y en aquellos que nos sirven de muchas maneras en nuestra vida diaria. Por supuesto, nuestros pensamientos no pueden evitar incluir la posibilidad de una devastación aún mayor de la población de nuestras patrias e, incluso, del mundo.

Ciertamente, tenemos razón en informarnos y en emplear todos los medios naturales para defendernos del contagio. Es un acto fundamental de caridad utilizar todos los medios prudentes para evitar contraer o propagar el coronavirus. Sin embargo, los medios naturales para prevenir la propagación del virus deben respetar lo que necesitamos para vivir, por ejemplo, el acceso a alimentos, agua y medicamentos. El Estado, por ejemplo, en su imposición de restricciones cada vez mayores sobre el movimiento de las personas, permite que las personas puedan ir al supermercado y a la farmacia, respetando las precauciones de distanciamiento social y el uso de desinfectantes por parte de todos los involucrados.

Al evaluar lo que se necesita para vivir, no debemos olvidar que nuestra primera consideración ha de ser nuestra relación con Dios. Recordamos las palabras de Nuestro Señor en el Evangelio según San Juan: “El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él” (14, 23 ). Cristo es el Señor de la naturaleza y de la historia. Él no está ni distante ni se ha desinteresado de nosotros y del mundo. Nos ha prometido: “he aquí que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo” (Mt 28, 20). En el combate al mal del coronavirus, nuestra arma más efectiva es, por lo tanto, nuestra relación con Cristo a través de la oración y de la penitencia, de las devociones y de la sacra adoración. Nos volvemos a Cristo para liberarnos de la peste y de todo daño y Él nunca deja de responder con amor puro y desinteresado. Por eso mismo nos es esencial en todo momento, y sobre todo en tiempos de crisis, tener acceso a nuestras iglesias y capillas, a los sacramentos, a las oraciones y devociones públicas.

De la misma manera que podemos comprar alimentos y medicinas con cuidado de no propagar el coronavirus al hacerlo, también debemos poder orar en nuestras iglesias y capillas, recibir los sacramentos y participar en actos de oración pública y devoción, para que reconozcamos la cercanía de Dios con nosotros y permanezcamos cerca de Él, invocando en modo adecuado su ayuda. Sin la ayuda de Dios, estamos de veras perdidos. Históricamente, en tiempos de peste, los fieles se reunían en fervientes oraciones y participaban en procesiones. De hecho, en el Misal Romano promulgado por el Papa S. Juan XXIII en 1962, hay textos especiales para la Santa Misa a ser ofrecida en tiempos de peste, la Misa votiva para la liberación de la muerte en tiempos de peste (Missae Votivae ad Diversa, n. 23). Del mismo modo, en la letanía tradicional de los santos, rezamos: “¡De la peste, del hambre y de la guerra, líbranos, oh Señor!”.

A menudo, cuando nos encontramos en un gran sufrimiento e incluso debiendo enfrentar la muerte, nos preguntamos: “¿Dónde está Dios?”. Pero la verdadera pregunta es: “¿Dónde estamos nosotros?”. En otras palabras, Dios está seguramente con nosotros para ayudarnos y salvarnos, especialmente en el momento de una prueba severa o de la muerte, pero con frecuencia nosotros estamos muy lejos de Él debido a nuestra incapacidad para reconocer nuestra total dependencia de Él y, por lo tanto, para rezarle diariamente y ofrecerle nuestra adoración.

En estos días he escuchado tantos católicos devotos que están profundamente tristes y desanimados por no poder rezar y adorar en sus iglesias y capillas. Entienden la necesidad de observar las distancias físicas y seguir las otras precauciones, y respetan estas medidas prudenciales, lo que pueden hacer fácilmente en sus lugares de culto. Pero, frecuentemente tienen que aceptar el profundo sufrimiento de ver sus iglesias y capillas cerradas, y de no tener acceso a la Confesión y a la Sagrada Eucaristía.

Del mismo modo, una persona de fe no puede considerar la actual calamidad en la que nos encontramos sin considerar también cuán distante está nuestra cultura popular de Dios. No solo es indiferente a su presencia en medio de nosotros, sino que es abiertamente rebelde hacia Él y hacia el buen orden con el que nos ha creado y nos sostiene en el ser. Basta pensar en los ataques violentos generalizados contra la vida humana, masculina y femenina, que Dios ha hecho a su propia imagen y semejanza (Gn 1, 27), ataques contra los no nacidos inocentes e indefensos y contra aquellos que deben ocupar el primer lugar en nuestros cuidados, aquellos que están fuertemente atribulados por enfermedades graves, años avanzados o necesidades especiales. Somos testigos cotidianos de la propagación de la violencia en una cultura que no respeta la vida humana.

Del mismo modo debemos pensar en el ataque generalizado contra la integridad de la sexualidad humana, nuestra identidad como hombre o mujer que, con el pretexto de poder definirla nosotros mismos, la pretendemos distinta de la que Dios nos ha dado, y ello, a menudo, empleando medios violentos. Somos testigos con una creciente preocupación del efecto devastador en los individuos y las familias de la llamada “teoría de género”.

También somos testigos, incluso dentro de la Iglesia, de un paganismo que rinde culto a la naturaleza y a la Tierra. Hay quienes dentro de la Iglesia se refieren a la Tierra como a nuestra madre, como si viniéramos de la Tierra y esta fuera nuestra salvación. Pero venimos de las manos de Dios, Creador del Cielo y la Tierra. Solo en Dios encontramos la salvación. Decimos con las palabras divinamente inspiradas del salmista: “Solo [Dios] es mi roca y mi salvación; él es mi protector. ¡Jamás habré de caer!” (Sal 62 [61], 6). Vemos cómo la propia vida de la fe se ha vuelto cada vez más secularizada y, por lo tanto, ha comprometido el señorío de Cristo, Dios Hijo encarnado, Rey del Cielo y de la Tierra. Somos testigos de muchos otros males que proceden de la idolatría, de la adoración a nosotros mismos y a nuestro mundo, en lugar de adorar a Dios, la fuente de todo ser. Tristemente vemos en nosotros mismos la verdad de las palabras inspiradas de San Pablo “contra toda impiedad e injusticia de los hombres que aprisionan la verdad en la injusticia”“cambiaron la verdad de Dios por la mentira, y adoraron y sirvieron a la criatura en vez del Creador, que es bendito por los siglos. Amén” (Rom 1, 18. 25).

Muchos con quienes estoy en comunicación, reflexionando sobre la actual crisis de salud mundial con todos sus efectos concomitantes, me han expresado la esperanza de que ella nos llevará, como individuos, familias, y sociedad, a reformar nuestras vidas, a recurrir a Dios que seguramente está cerca de nosotros y que es inconmensurable e incesante en su misericordia y amor hacia nosotros. No hay duda de que grandes males como las pestes son efecto del pecado original y de nuestros pecados actuales. Dios, en su justicia, debe reparar el desorden que el pecado introduce en nuestras vidas y en nuestro mundo. De hecho, él cumple las demandas de la justicia con su misericordia superabundante.

Dios no nos ha dejado en el caos y la muerte, que el pecado ha introducido en el mundo, sino que ha enviado a su Hijo unigénito, Jesucristo, a sufrir, morir, resucitar de entre los muertos y ascender en gloria a su diestra, para permanecer con nosotros siempre, purificándonos del pecado e inflamándonos con su amor. En su justicia, Dios reconoce nuestros pecados y la necesidad de su reparación, mientras que en su misericordia nos derrama la gracia de arrepentirnos y reparar. El profeta Jeremías oró: “Reconocemos, oh Señor, nuestra impiedad, la iniquidad de nuestros padres, pues hemos pecado contra ti”, pero inmediatamente continúa su oración: “por amor a tu nombre, no deshonres el trono de tu gloria; acuérdate, no anules tu pacto con nosotros” (Jer 14, 20-21).

Dios nunca nos da la espalda; Él nunca romperá su pacto de amor fiel y duradero con nosotros, a pesar de que con tanta frecuencia somos indiferentes, fríos e infieles. Mientras el sufrimiento actual nos revela tanta indiferencia, frialdad e infidelidad de nuestra parte, estamos llamados a recurrir a Dios y rogar por su misericordia. Debemos estar seguros de que nos escuchará y nos bendecirá con sus dones de misericordia, perdón y paz. Debemos unir nuestros sufrimientos a la Pasión y Muerte de Cristo y así, como dice San Pablo, “completo en mi carne lo que falta a las tribulaciones de Cristo, en favor de su Cuerpo, que es la Iglesia” (Col 1, 24). Viviendo en Cristo, conocemos la verdad de nuestra oración bíblica: “La salvación de los justos viene de Yahveh, él es su refugio en tiempo de angustia” (Sal 37 [36], 39). En Cristo, Dios nos ha revelado completamente la verdad expresada en la oración del salmista: “Amor y Verdad se han dado cita, Justicia y Paz se abrazan” (Sal 85 [84], 10).

En nuestra cultura totalmente secularizada, hay una tendencia a ver la oración, las devociones y la adoración como cualquier otra actividad, por ejemplo, ir al cine o a un partido de fútbol, ​​lo cual no es esencial y, por lo tanto, puede cancelarse por precaución para frenar la propagación de un contagio mortal. Pero la oración, las devociones y la adoración, sobre todo, la Confesión y la Santa Misa, son esenciales para que podamos mantenernos sanos y fuertes espiritualmente, y para que busquemos la ayuda de Dios en un momento de gran peligro para todos. Por lo tanto, no podemos simplemente aceptar las determinaciones de gobiernos seculares que consideran la adoración a Dios al par que ir a un restaurante o a una competencia deportiva. De lo contrario, las personas que ya sufren tanto por los resultados de la peste se ven privadas de esos encuentros abiertos con Dios, que está en nuestro medio para restaurar la salud y la paz.

Nosotros, obispos y sacerdotes, debemos explicar públicamente la necesidad que los católicos tienen de rezar y de rendir culto en las iglesias y capillas, de hacer procesiones por las calles pidiendo la bendición de Dios sobre el pueblo que sufre tan intensamente. Tenemos que insistir en que las medidas tomadas por el Estado, aunque sean también por el bien del Estado, reconozcan la importancia única de los lugares de culto, especialmente en tiempos de crisis nacional e internacional. En el pasado, los gobiernos han entendido la importancia de la fe, de la oración y de la devoción para superar una situación de peste.

Así como hemos encontrado maneras de proveer alimentos, medicinas y otras necesidades en plena crisis sanitaria, sin correr el riesgo de irresponsablemente propagar del virus, así también podemos encontrar maneras de satisfacer las necesidades de nuestra vida espiritual. Podemos proporcionar más oportunidades para la Santa Misa y para las devociones en que los fieles pueden participar sin violar las precauciones necesarias contra la propagación del contagio. Muchas de nuestras iglesias y capillas son muy grandes. Permiten que un grupo de fieles se reúna para orar y rendir culto sin violar los requisitos de la “distancia social”. El confesionario con la pantalla tradicional generalmente está equipado o, si no, puede equiparse fácilmente con un velo delgado que puede tratarse con desinfectante, de modo que el acceso al Sacramento de la Confesión sea posible sin grandes dificultades y sin peligro de transmitir el virus. Si una iglesia o capilla no tiene suficiente empleados como para poder desinfectar regularmente los bancos y otras superficies, no tengo dudas de que los fieles, en agradecimiento por los dones de la Sagrada Eucaristía, la Confesión y la devoción pública, ayudarán con mucho gusto.

Incluso si, por alguna razón, no podemos tener acceso a iglesias y capillas, debemos recordar que nuestros hogares son una extensión de nuestra parroquia, una pequeña Iglesia en la que podemos acoger a Cristo, preparando el encuentro con Él en la Iglesia más grande. Dejemos que nuestros hogares, durante este tiempo de crisis, reflejen la verdad de que Cristo es el invitado de honor en cada hogar cristiano. Volvamos a Él a través de la oración, especialmente el Rosario, y de otras devociones. Si la imagen del Sagrado Corazón de Jesús, junto con la imagen del Inmaculado Corazón de María, aún no está entronizada en nuestro hogar, ahora sería el momento de hacerlo. El lugar de la imagen del Sagrado Corazón será para nosotros un pequeño altar doméstico, en el que nos reunimos, conscientes de que Cristo vive con nosotros a través del Espíritu Santo en nuestros corazones. Coloquemos nuestros corazones, a menudo pobres y pecadores, en su glorioso Corazón perforado, siempre abierto para recibirnos, para sanarnos de nuestros pecados y llenarnos de amor divino. Si desea entronizar la imagen del Sagrado Corazón de Jesús, le recomiendo el manual «La Entronización del Sagrado Corazón de Jesús», disponible a través del Apostolado Catequista Mariano.

Para aquellos que no pueden tener acceso a la Santa Misa y a la Sagrada Comunión, recomiendo la práctica devota de la Comunión Espiritual. Cuando estamos en condiciones de recibir la Sagrada Comunión, es decir cuando estamos en estado de gracia, cuando no somos conscientes de ningún pecado mortal que hayamos cometido y por el que aún no hemos sido perdonados en el Sacramento de la Penitencia, y deseamos recibir a Nuestro Señor en la Sagrada Comunión, pero estamos incapacitados de hacerlo, nos podemos unir espiritualmente al Santo Sacrificio de la Misa, rezando a Nuestro Señor Eucarístico con las palabras de San Alfonso María de Ligorio: “Como ahora no puedo recibirte sacramentalmente, ven al menos espiritualmente en mi corazón”. La comunión espiritual es una hermosa expresión de amor por Nuestro Señor en el Santísimo Sacramento. No dejará de traernos abundantes gracias.

Asimismo, cuando somos conscientes de haber cometido un pecado mortal y no podemos tener acceso al Sacramento de la Penitencia o Confesión, la Iglesia nos invita a realizar un acto de contrición perfecta, es decir de pena por el pecado, que “Surge de un amor por el cual Dios es amado por encima de todo”. Un acto de contrición perfecta “obtiene el perdón de los pecados mortales si incluye la firme resolución de recurrir a la confesión sacramental lo antes posible” (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1452). Un acto de contrición perfecta dispone nuestra alma para la comunión espiritual.

Como siempre, fe y razón trabajan juntas para proporcionar una solución justa y correcta a un desafío difícil. Debemos usar la razón, inspirada por la fe, para encontrar la manera correcta de enfrentar esta pandemia mortal. Esa manera debe dar prioridad a la oración, a la devoción y a la adoración, a la invocación de la misericordia de Dios sobre su pueblo que tanto sufre y está en peligro de muerte. Hechos a imagen y semejanza de Dios, disfrutamos de los dones del intelecto y del libre albedrío. Usando estos dones dados por Dios, unidos a los dones, también dados por Dios, de la Fe, la Esperanza y el Amor, encontraremos nuestro camino en estos tiempos de prueba universal que tanta tristeza y miedo está causando.

Podemos contar con la ayuda y la intercesión de la gran hueste de nuestros amigos celestiales, con quienes estamos íntimamente unidos en la Comunión de los Santos: la Virgen María Madre de Dios, los santos Arcángeles y Ángeles Guardianes, San José, verdadero Esposo de la Virgen María y Patrono de la Iglesia Universal, San Roque, a quien invocamos en tiempos de epidemia, y los otros santos y beatos a quienes recurrimos regularmente en oración. Todos están a nuestro lado. Nos guían y nos aseguran constantemente que Dios nunca dejará de escuchar nuestra oración. Él responderá con su inconmensurable e incesante misericordia y amor.

Queridos amigos, les ofrezco estas breves reflexiones, profundamente consciente de cuánto están sufriendo por la pandemia de coronavirus. Espero que ellas puedan serles de ayuda. Sobre todo, espero que les inspiren a recurrir a Dios en oración y adoración, cada uno según sus posibilidades, y así experimenten su cuidado y su paz. Con las reflexiones les envío la promesa que los recordaré todos los días en mis oraciones y penitencias, especialmente en la celebración del Santo Sacrificio de la Misa.

Les pido por favor que se acuerden de mí en sus oraciones.

Quedo de ustedes en el Sagrado Corazón de Jesús y el Inmaculado Corazón de María, y en el Castísimo Corazón de San José,

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Raymond Leo Cardenal BURKE

21 de marzo de 2020

Fiesta de San Benito Abad

Traducción por El Perú necesita de Fátima

Original de Su Eminencia Cardenal Raymond Leo Burke en inglés: Aquí

COMUNICADO. ‘Queridos feligreses’. Ante la crisis actual provocada por la Pandemia del Covid-19

FRATERNIDAD SACERDOTAL SAN PEDRO EN MÉXICO

C O M U N I C A D O

Ante la crisis actual provocada por la Pandemia del Covid-19

¡Oh vosotros todos los que pasáis por el camino, mirad y ved, si hay dolor como el dolor que me hiere! Pues Yahvé me ha afligido en el día de su ardiente ira.

Lam 1, 12

Si Yo cerrare el cielo y no lloviere, si Yo enviare la langosta para que devore la tierra, o mandare la peste entre mi pueblo; 1y si mi pueblo sobre el cual es invocado mi nombre se humillare, orando y buscando mi rostro, y si se convirtieren de sus malos caminos, Yo los oiré desde el cielo, perdonaré su pecado y sanaré su tierra. Estarán mis ojos abiertos, y mis oídos atentos a la oración que se haga en este lugar.

 2 Cro 7, 13-15

Queridos Feligreses,

            Hace unos días les hemos comunicado las iniciativas que habríamos de tomar de acuerdo con la instrucción de la Arquidiócesis [de Guadalajara] acerca de la pandemia de COVID-19. Con mucha tristeza les informamos que hoy llegó otro comunicado diciéndonos que, por las siguientes dos semanas, realizaremos la celebración de la Santa Misa sin la presencia física de los fieles.

            Sé que esta noticia no será del agrado de nadie y que será difícil aceptar. Como les hemos venido diciendo desde que comenzó esta situación, tenemos que verla con una perspectiva sobrenatural y ofrecerla por la purificación de la Iglesia y por la conversión de nuestra sociedad.

       Habrá la tentación de buscar excepciones. Pero tenemos que recordar que la Liturgia y los Sacramentos son de la Iglesia, y ella – dentro de ciertos límites – tiene autoridad sobre ellos. Es bueno sentir hambre por los sacramentos, pero no podemos hacerlo a nuestra manera.

El Canon 838 del Código de Derecho Canónico dice que:

La ordenación de la sagrada liturgia depende exclusivamente de la autoridad de la Iglesia, que reside en la Sede Apostólica y, según las normas del derecho, en el Obispo diocesano. 

Al Obispo diocesano, en la Iglesia a él confiada y dentro de los límites de su competencia, le corresponde dar normas obligatorias para todos sobre materia litúrgica.

Y San Ignacio de Antioquía, Padre de la Iglesia, nos recuerda:

“Vean que todos siguen al obispo, como Jesucristo hace al Padre, y al presbiterio como lo harían con los apóstoles; y reverencian a los diáconos, como la institución de Dios. Que ningún hombre haga nada relacionado con la Iglesia sin el obispo. Que se considere una Eucaristía apropiada, que sea administrada por el obispo, o por alguien a quien se lo haya confiado. Dondequiera que aparezca el obispo, allí estará también la multitud del pueblo; incluso cuando, donde sea que esté Jesucristo, allí está la Iglesia Católica. No es lícito sin el obispo bautizar o celebrar una fiesta de amor [la liturgia]; pero cualquier cosa que él apruebe, eso también es agradable a Dios, para que todo lo que se haga pueda ser seguro y válido”.

Obviamente hay límites. Los ritos de la liturgia no pueden ser cambiados según los caprichos de cada quien, pero en esto no hay duda de que el obispo tiene la autoridad que debemos de respetar. Gracias a Dios, no es una disposición permanente. Gracias a Dios también, si entendemos la doctrina de la comunión de los santos y la eclesiología tradicional, entenderemos que todos somos beneficiarios de todas las misas celebradas, aunque sean privadas.

Les recuerdo de la importancia de la comunión espiritual. El Catecismo Romano nos enseña:

“Los pastores de almas deben enseñar a su rebaño que no hay una sola manera de recibir los frutos admirables del sacramento de la Eucaristía, sino que hay dos: la comunión sacramental y la comunión espiritual”.

Y los escritores espirituales comentan: “Es, por sí mismo”, dice el padre Faber, “uno de los mayores poderes del mundo”. “Por eso”, escribe San Leonardo de Porto Mauricio, “muchas almas han alcanzado una alta perfección”. Jesús desea entrar a tu corazón todos los días por la comunión sacramental; sin embargo, incluso eso no le basta; Él vendría una y otra vez, sin cesar. Este deseo divino se realiza mediante la comunión espiritual. “Cada vez que me deseas”, le dijo a Santa Matilde de Hackeborn, “me atraes hacia ti. Un deseo, un suspiro, es suficiente para hacerte poseer”. Nuestro Señor le encargó a Santa Margarita de Cortona que le recordara a un monje la palabra de San Agustín: “Cree y habrás comido”; es decir, haz un acto de fe y deseo hacia la Eucaristía, y esa comida divina te nutrirá.

Estaremos transmitiendo las misas cada día por Facebook. Muy pronto, también, actualizaremos las medidas adicionales que pondremos a su disposición en nuestras parroquias para el cuidado pastoral y sacramental de los fieles, como citas para confesión y comunión, así como la transmisión por internet y redes sociales, de misas, oraciones, sermones, y clases.

Las misas no pararán. Y los tendremos presentes, aún más, durante este tiempo de crisis. El flujo de gracias que llega a cada fiel por la celebración del Santo Sacrificio de la Misa es uno de los grandes beneficios para mantenerse completamente unido con el Cuerpo Místico de Cristo que es la Iglesia, especialmente en los tiempos de tribulación.

Estas son las pruebas que nos confirman en la gracia de Dios. Vale la pena recordar las tribulaciones que sufrían nuestros antepasados, especialmente aquí en México, habiendo sido desprovistos de los sacramentos por mucho tiempo, a costa de sus vidas en muchos casos. Para nosotros la prueba será temporal. Que salgamos al desierto con Nuestro Señor. Nos está ofreciendo una Cuaresma especialmente llena de gracias porque estaremos clavados a la Cruz con Él más estrechamente. Que reflexionemos: “¿Ha habido tiempos en mi vida cuando no he apreciado debidamente el gran don que es la liturgia y los sacramentos?”

Hagamos reparación y unámonos como comunidad, en el espíritu de penitencia.

Agradezco su comprensión. No duden en comunicarse con los sacerdotes de la FSSP en México a su servicio, para cualquier aclaración o ante cualquier preocupación al respeto.

A causa del Señor sed sumisos a toda humana institución, sea al rey como soberano, o a los gobernadores, como enviados suyos para castigar a los malhechores y honrar a los que obran bien. Pues la voluntad de Dios es que obrando bien hagáis enmudecer a los hombres insensatos que os desconocen, comportándoos cual libres, no ciertamente como quien toma la libertad por velo de la malicia, sino como siervos de Dios. Respetad a todos, amad a los hermanos, temed a Dios, honrad al rey. Servir, a imitación de Cristo. Siervos, sed sumisos a vuestros amos con todo temor, no solamente a los buenos e indulgentes, sino también a los difíciles. Porque en esto está la gracia: en que uno, sufriendo injustamente, soporte penas por consideración a Dios. Pues ¿qué gloria es, si por vuestros pecados sois abofeteados y lo soportáis? Pero si padecéis por obrar bien y lo sufrís, esto es gracia delante de Dios. Para esto fuisteis llamados. Porque también Cristo padeció por vosotros dejándoos ejemplo para que sigáis sus pasos. “Él, que no hizo pecado, y en cuya boca no se halló engaño”; cuando lo ultrajaban no respondía con injurias y cuando padecía no amenazaba, sino que se encomendaba al justo Juez. Él mismo llevó nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, a fin de que nosotros, muertos a los pecados, vivamos para la justicia. “Por sus llagas fuisteis sanados”; porque erais como ovejas descarriadas; mas ahora os habéis vuelto al Pastor y Obispo de vuestras almas.

(1Pe 2, 13-25)

Sabemos, además, que todas las cosas cooperan para el bien de los que aman a Dios, de los que son llamados según su designio.

Rom 8, 28

20 de marzo de 2020

Para todos nuestros apostolados en el país

Fraternidad Sacerdotal San Pedro en México

P.S. En la Ciudad de México, aún está permitido tener y celebrar misa de manera habitual.