La FSSP, cultivando un Apostolado Católico Tradicional en México

Por el P. Jonathan Romanoski. One Peter Five. SummorumPontificum.mx . 14 de abril de 2020. [Artículo publicado originalmente el 14 de diciembre de 2015 por OnePeterFive]

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Con motivo de la celebración de la gran festividad de Nuestra Señora de Guadalupe, me gustaría hacer un breve recuento en homenaje al apostolado de la Fraternidad Sacerdotal de San Pedro (FSSP) en su amado país de México. Todo comenzó cuando se fundó el seminario de habla inglesa de la FSSP. Providencialmente – y al parecer sin mucho debate previo –, se propuso a Nuestra Señora de Guadalupe como patrona titular. Como podrán saber, o no, Nuestra Señora de Guadalupe no sólo es la Patrona de México, sino la Emperatriz de América. Ahora veo más claramente su plan de extender de nuevo la sagrada tradición de la Iglesia en todo el norte, centro y Sudamérica.

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Cuando entré al seminario en el 2001, conocí a mi futuro compañero de congregación, el P. Kenneth Fryar, quien había vivido muchos años en la Ciudad de México tratando de fundar una orden tradicional de franciscanos. Como no estaba en la providencia de Dios que se fundara la orden en aquel momento, decidió unirse a la FSSP, en la cual se encontraba estudiando. Enterado de que él sabía conducir en un país con una manera de conducir diferente, propuse que fuéramos en peregrinación como un grupo pequeño para visitar a nuestra patrona, la Virgen de Guadalupe, en la capital mexicana. Así, partimos desde Nebraska y viajamos en su auto durante las vacaciones de Navidad de 2002-2003.

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Aún recuerdo cuando, después de dormir durante la última parte de la travesía, desperté justo cuando habíamos llegado a la basílica de Nuestra Señora. De inmediato quedé impresionado por la avalancha interminable de peregrinos que acudían a ver la imagen milagrosa. De hecho, es el santuario más visitado en el mundo, incluso más que el de Nuestra Señora de Lourdes. En cualquier día del año se puede ver un flujo constante de peregrinos acercándose a la basílica donde se guarda la imagen milagrosa. También me impresionó la manifestación pública de catolicismo, al ver que incluso choferes de taxi, con sus flamantes vehículos adornados con imágenes religiosas para consagrarlos a Nuestra Señora de Guadalupe. Estaba sin duda descubriendo una cultura que expresa pública y universalmente su catolicismo, y no sería la última vez que lo vería.

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Al entrar y rezar ante la milagrosa imagen, me impactó que después de casi 500 años no se haya desintegrado lo más mínimo. No parece pintada, sino que más bien da la impresión de flotar sobre la tilma[1], hecha de una fibra de cactus que debería haber empezado a descomponerse en sólo unos cuantos años.

Allí le encomendamos nuestros ruegos y peticiones. Poco imaginaba que esto sería el principio de una invitación para vivir y trabajar en su país a fin de cumplir el mismo propósito que Ella le había solicitado en sus apariciones a San Juan Diego cinco siglos atrás: construir una iglesia donde se pudiera ofrecer el santo sacrificio de la Misa, nada menos que la Misa romana tradicional.

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Durante nuestra peregrinación pasamos algunos días en la capital de México y procedimos después a visitar Puebla, Morelia, Guadalajara y muchas otras ciudades. En todos los lugares me impresionó la expresión pública de fe del pueblo mexicano, ver lo que aún queda de la cristiandad en esa nación a pesar de tantas persecuciones masónicas sangrientas. Los mexicanos a los que conocí a lo largo del viaje irradiaban amistad y un espíritu acogedor, de forma que se los veía como una gran familia, en vista de que todos compartían la misma fe católica. Si mi Dios es tu Dios entonces mi casa es tu casa. De la misma manera, las iglesias estaban generalmente llenas de fieles – aún fuera de los horarios de misa – con muchos visitantes rezando de rodillas ante el Santísimo Sacramento y ante los muchos hermosos crucifijos y estatuas. También me sorprendió gratamente ver que nadie recibía la Sagrada Comunión en la mano, y que en general su corazón católico aún conservaba un sentido de devoción muy tradicional. Entonces, pensé que sería un terreno muy fértil para reintroducir la Misa Tradicional en latín.

Tampoco puedo dejar de mencionar que gracias a la típica hospitalidad mexicana de una familia que conocimos en Guadalajara, que me invitó a ir a su casa siempre que lo deseara, decidí regresar cuando pudiera para aprender el idioma y entender mejor el rico tesoro de su historia y cultura católicas.

Fue durante aquella visita veraniega cuando un capellán de nuestra Fraternidad y yo fuimos a visitar al cardenal arzobispo, quien, habiendo oído hablar de nuestra labor, de inmediato extendió una invitación a la FSSP para venir y empezar un apostolado en la Arquidiócesis de Guadalajara.

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Y así, cuando dos años más tarde, en 2008, me ordené sacerdote, se me envió con la misión de iniciar el primer apostolado mexicano junto con otro sacerdote de la FSSP con más experiencia, de nacionalidad alemana.

Como podrán suponer algunos de ustedes que recuerdan la reintroducción de la Misa Tradicional en latín en los Estados Unidos, los comienzos de nuestro apostolado en México fueron en ocasiones difíciles. Tuvimos que construir una reputación desde cero. Aquí estábamos, dos sacerdotes extranjeros, resaltando aún más entre los escasos sacerdotes que vestían sotana en público. Esto era en un país en el que la única connotación que tenía la Misa en latín era ser la misa lefebvrista, que a los ojos de la gente había sido “prohibida” y por lo tanto ya no era católica. A pesar de más de 25 años de labor por parte de Ecclesia Dei y del reciente motu proprio Summorum Pontificum de Benedicto XVI que restablecía los derechos de la Misa Tradicional, todavía nos topábamos con algo de ignorancia, y por lo tanto, de resistencia.

El mismo sacerdote que tuvo la amabilidad de entregarnos para nuestro uso la iglesia de la que había estado a cargo, nos presentó al deán como los “sacerdotes Lefebvristas” que lo iban a sustituir. En otra ocasión, nos invitaron a celebrar una Misa de matrimonio tradicional en otra iglesia diocesana. Un sacerdote anciano entró a la sacristía, y viendo la birreta y las sacras, preguntó a uno de nuestros bastante ingeniosos acólitos si éramos lefebvristas. El acólito respondió: “No, padre”.

– “Pero” – respondió el sacerdote – ustedes ofician la Misa lefebvrista.

A lo que nuestro acólito preguntó: “Padre, ¿cuándo lo ordenaron?”

– “En 1957” – respondió.

– “Entonces usted celebraba también la misa en latín, ¿correcto?”

– “Sí” – respondió.

– En ese caso, ¿usted también era un lefebvrista?”

– “No” – repuso –. “Éramos católicos”.

Anécdotas como ésta demuestran la mentalidad a la que en ocasiones teníamos que enfrentarnos durante los años en que íbamos desarrollando nuestro apostolado y los desafíos que puede presentar. Sin embargo, tengo que reconocer que nunca hubo ningún problema con los fieles que venían por primera vez a la Misa tradicional, ya que los mexicanos son muy bien conocidos por su disciplinado respeto al clero. Recuerdo a una señora en particular que, después de asistir a la Misa en latín todos los días durante un mes, comentó:

«No sé por qué será en latín ni por qué estará el sacerdote volteado hacia el otro lado, pero tengo la impresión de que ésta es la forma en que tiene que ser».

Y así, de forma lenta pero segura empezamos a construir una buena reputación. La gente se daba cuenta de que la Misa tradicional estaba de vuelta, y comenzamos a atraer a aquellas personas devotas que buscaban el sentido perdido de la reverencia que sus corazones – y su alma – anhelaban.

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Una familia que asiste a la Misa diariamente vino a hablar con nosotros después de la primera vez que asistieron a una hermosa Misa cantada: «¿Podría ser así todos los días?» Otro caballero, a quien sus amistades le decían que tenía un sentido “tridentino” de la fe (aunque nació después de los cambios litúrgicos y nunca había conocido la Misa tradicional) se presentó un día consternado en la  iglesia. Nos dijo que estaban tratando de administrar la Sagrada Comunión en la mano en las iglesias diocesanas, con el pretexto de evitar la difusión del virus de la gripe. Como no se atrevía participar en algo así, le dijeron que aún podía recibir a Nuestro Señor en la boca en la iglesia de la FSSP. La primera vez que vino, al ver a los sacerdotes con sotana y el altar dispuesto del modo tradicional, comenzó a llorar. Desde entonces ha sido un fiel feligrés nuestro, y ahora nos ayuda a preparar a nuestros acólitos.

Tras algunos años de fiel servicio, el cardenal arzobispo erigió nuestro apostolado como una cuasiparroquia personal, encargándonos una histórica iglesia en el centro de la ciudad, dedicada a Nuestra Señora del Pilar, Madre del mundo hispánico. La Virgen del Pilar es muy conocida por haber visitado a Santiago Apóstol en España mientras aún vivía en la Tierra, donde hincó un pilar y prometió la conversión de ese país y, a través del mismo, la conversión de la América Hispana, que el muy devoto terciario franciscano Cristóbal Colón descubrió el 12 de octubre, festividad de la Virgen del Pilar.

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Nuestra Señora de Guadalupe es también símbolo de la providencial conexión entre España y la Nueva España, dado que la advocación de Guadalupe ya se le había dado a una imagen que se cree fue tallada por San Lucas y donada más tarde por San Gregorio Magno al Obispo de Sevilla, que estuvo escondida durante la persecución mahometana. Cuando fue redescubierta, Nuestra Señora de Guadalupe se convirtió en una importante patrona durante la Reconquista de España en contra de los pérfidos moros. Reapareció más tarde con una nueva apariencia en Nueva España, para realizar la nueva conquista del México pagano a la religión de Cristo Rey nuestro.

En resumen, siempre he sentido palpablemente que estamos bajo el especial cuidado maternal de Nuestra Señora, que dirige la reconquista – por la que oramos – de esta tierra que es suya. Tengo la esperanza de que también tengamos parte en la reconquista de todo el mundo de habla hispana.

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Este año hemos tenido la gran bendición de poder adquirir, gracias a un préstamo, una nueva casa con espacio para recibir a los aspirantes de habla hispana de todo el continente americano, que, si Dios quiere, llegará a ser un día un futuro seminario de habla hispana para la FSSP.

Dios nos ha dado la gracia de que pudiéramos emprender un nuevo apostolado en la Ciudad de México el año pasado [2014] en la histórica capilla de la Inmaculada Concepción.

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Hay muchas anécdotas que contar, pero en resumidas cuentas, esperamos que nuestros humildes comienzos bajo la guía providencial de la humildísima Virgen rindan fruto algún día para aplastar la cabeza del dragón infernal y lograr el triunfo de su Divino Hijo.

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Non fecit taliter omni nationi* – No hizo nada igual con ninguna otra nación.

¡Que viva Cristo Rey y Nuestra Señora de Guadalupe! 

A.M.D.G.+

P. Jonathan Romanoski, FSSP.

Palabras pronunciadas por Benedicto XIV cuando se le presentó la imagen de la Guadalupana.

El pasado 1 de diciembre de 2018, la FSSP celebró el 10° Aniversario de la Fraternidad Sacerdotal San Pedro en México.

Nota del editor [One Peter Five]: Usted puede conocer más cobre el apostolado de la FSSP en México en sus medios: Sitio Web Oficialpágina de Facebook, y cuenta de Twitter.

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Fuente: Dominus EstArtículo original de One Peter Five

Referencias:

[1] El tilmatli (o tilma) era un tipo de prenda exterior usado por hombres, documentada desde finales del periodo Posclásico y épocas coloniales tempranas entre los pueblos aztecas y otros del centro de México.

Portada: FSSP México, en Facebook

Imágenes por One Peter Five, FSSP México y Misión San Pedro

Por qué la Oración tiene la fuerza de “conmover” a Dios

Por Il Cammino dei Tre SentieriSummorumPontificum.mx . 13 de abril de 2020.

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Escribe el beato John Henry Newman (1801-1890) en ‘Obras sobre la oración’:

No sabemos cómo la oración recibe respuesta de Dios. Es una cosa extraña en verdad que el hombre así de débil tenga la fuerza de conmoverlo; pero es nuestro privilegio saber que tenemos el poder de hacerlo.


Todo el sistema de este mundo no es más que la historia de la manera con la cual el hombre contrasta los decretos de Dios. Si tenemos el triste poder de resistir a su voluntad para nuestra ruina (verdad terrible e incomprensible); si cuando Él nos destina a la salvación eterna, aún podemos anular la elección divina hecha por nosotros, y convertirnos así en agentes de nuestra ruina eterna; todavía más tenemos el poder de conmoverlo – y bendito sea su Nombre – de hacerlo cambiar cuando Él, que busca los corazones, ve en nosotros la presencia del Espíritu Santo que ‘intercede por los santos según los designios de Dios’ (Romanos 8, 27).



El que escudriña los corazones conoce cuál es el deseo del Espíritu, porque intercede por los santos según Dios.

Romanos 8, 27

Dios es Verdad, Bondad y Belleza

Il Cammino dei Tre Sentieri

 

Fuente: Una Voce BAJA

Cómo ganar Indulgencias en Semana Santa

A partir del decreto Enchiridion indulgentiarum quarto editur publicado por la Penitenciaria Apostólica de la Santa Sede.

Para Jueves Santo, Viernes Santo, Sábado Santo, otras indulgencias y normas generales sobre las indulgencias.

Para quienes están legítimamente impedidos, es decir, aquellos que de ninguna manera pueden cumplir con todos los requisitos o los que, de poder cumplimentarlos, no sería sin ocasionarse u ocasionar a otros algún serio prejuicio


SummorumPontificum.mx . 9 de abril de 2020.

El Enchiridion Indulgentiarum, o Enchiridion de Indulgencias, es un documento publicado por la Penitenciaría apostólica en el que se detallan las concesiones de indulgencias vigentes, tanto parciales como plenarios, además de las normas que regulan la concesión y usufructo de estas indulgencias. El último Enchridion publicado corresponde a la cuarta edición, de julio de 1999.

Si bien el Enchiridion es el compendio oficial ordinario de las indulgencias que los fieles cristianos pueden recibir, el Santo Padre concede regularmente indulgencias extraordinarias que no aparecen en este documento.

Cuando este “Manual de Indulgencias” (nombre dado en español al Enchiridion indulgentiarum)fue editado por primera vez, en junio del año 1968, se puso en práctica la norma 13 de la Constitución apostólica Indulgentiarum doctrina:

«Se revisará el Manual de indulgencias con el criterio de que sólo se enriquezcan con indulgencias las principales preces y las principales obras de piedad, de caridad y de penitencia». 


Con las sucesivas ediciones, hasta la presente, la Penitenciaría Apostólica ha pretendido hacer más claro el texto, corregir algunos aspectos de menor importancia, de acuerdo con las exigencias de un análisis crítico, y, finalmente, añadir algunos elementos nuevos.

Para ganar indulgencia plenaria, se requiere la ejecución de la obra, el cumplimiento de las tres condiciones y una plena disposición interior que excluya toda afección al pecado.

Si se trata de indulgencia parcial, de acuerdo con la norma 4, se requiere la ejecución de la obra y, como mínimo, la contrición del corazón.

Si la obra enriquecida con indulgencia plenaria es susceptible de ser dividida en partes (por ejemplo, el Rosario mariano -que se reza por partes, dividido- en decenas), el que por una causa razonable no realiza la obra completa, puede ganar, por la parte que ha realizado, indulgencia parcial.

Son dignas de especial mención las concesiones que se refieren a algunas obras, enriquecidas con indulgencia plenaria, con las cuales el fiel cristiano puede ganarla todos los días del año, quedando en pie la norma 18 § 1, según la cual sólo puede ganarse una indulgencia al día:

  • La adoración del Santísimo Sacramento  [Tantum Ergo] durante al menos media hora (conc. 7 § 1, 1.°);
  • El piadoso ejercicio del Via Crucis (conc. 13, 2.°);
  • El rezo del Rosario mariano o del himno Akhátistos en una iglesia o un oratorio, o en familia, en una comunidad religiosa, en una asociación piadosa y, en general, siempre que varios fieles se reúnan para un buen fin (conc. 17 § 1, 1.° y conc. 23 § 1);
  • La lectura piadosa de la Sagrada Escritura durante al menos media hora (conc. 30).

ALGUNAS MANERAS DE OBTENER INDULGENCIA PLENARIA

Bendición papal

Se concede indulgencia plenaria al fiel cristiano que reciba piadosa y devotamente, aunque sea sólo a través de la radio o la televisión, la bendición impartida por el Sumo Pontífice: Urbi et Orbi, o por el Obispo a los fieles encomendados a su cura pastoral, según la norma 7, 2 de este Manual de Indulgencias.

Doctrina cristiana

Se concede indulgencia parcial al fiel cristiano que trabaje en enseñar o aprender la doctrina cristiana.

Conmemoración de la Pasión y Muerte del Señor

Se concede indulgencia plenaria al fiel cristiano que:

  1. (24) el Viernes santo de la Pasión y Muerte del Señor asista piadosamente a la adoración de la cruz en la solemne Acción litúrgica. (Solamente en el marco de dicha celebración).
  2. (25) practique el piadoso ejercicio del Via Crucis o se una piadosamenteal que practica el Sumo Pontífice (en el Coliseo Romano) y que es retransmitido por la radio o la televisión.

Con el piadoso ejercicio del Via Crucis se actualiza el recuerdo de los sufrimientos que soportó el divino Redentor en el camino desde el pretorio de Pilato, donde fue condenado a muerte, hasta el monte de la Calavera o Calvario, donde murió en la cruz por nuestra salvación.

Para ganar indulgencia plenaria se establece lo siguiente:

  1. El piadoso ejercicio debe practicarse ante las estaciones del Via Crucis legítimamente erigidas.
  2. Para erigir el Via Crucis se requieren catorce cruces,a las que provechosamente se acostumbra añadir otros tantos cuadros o imágenes que representan las estaciones de Jerusalén. (Estos cuadros no son obligatorios pero sí las cruces).
  3. Según la costumbre más extendida, este piadoso ejercicio consta de catorce lecturas piadosas,a las que se añaden algunas oraciones vocales. No obstante, para realizar este piadoso ejercicio, se requiere únicamente la piadosa meditación de la Pasión y Muerte del Señor, sin que sea necesaria una consideración sobre cada uno de los misterios de las estaciones.
  4. Se requiere el paso de una estación a otra.

Si el piadoso ejercicio se practica públicamente y el movimiento de todos los presentes no puede efectuarse sin evitar el desorden, basta con que quien dirige el ejercicio se traslade a cada estación, sin que los demás se muevan de su lugar. De hecho, estarán “peregrinando” con la vista, y, mejor aun, con el corazón.

5. Los que están legítimamente impedidos (es decir, o aquellos que de ninguna manera pueden cumplir con todos los requisitos o los que, de poder cumplimentarlos, no sería sin ocasionarse u ocasionar a otros algún serio prejuicio, como sería, por ejemplo, dejar de cuidar a un enfermo terminal) pueden ganar la misma indulgencia, si al menos por un tiempo, por ejemplo, un cuarto de hora, se dedican a la piadosa lectura y meditación de la Pasión y Muerte del Señor Jesucristo.

6. Al piadoso ejercicio del Via Crucis se asimilan, también en lo que se refiere a la consecución de la indulgencia, otros piadosos ejercicios, aprobados por la autoridad competente, en los que se recuerda la Pasión y Muerte del Señor, manteniendo las dichas catorce estaciones.

Adviértase de paso, que de entre los numerosos ejercicios engendrados por la piedad, el del Vía Crucis ocupa un indiscutido lugar de relevancia.

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EN RESUMEN

Indulgencias para Semana Santa


JUEVES SANTO

  • Tantum Ergo:
    • Indulgencia parcial a los fieles que reciten piadosamente las estrofas de este himno.
    • Indulgencia plenaria el Jueves Santo y la fiesta del Santísimo Sacramen­to, si es recitado solemnemente.
  • Adoración al Santísimo Sacramento:
    • Indulgencia parcial a quien visita el Santísimo Sacramento.
    • Indulgencia plenaria si se permanece en adoración por lo menos por media hora.

VIERNES SANTO

  • Adoratio Crucis: Indulgencia plenaria a los fieles que participan piadosamente en la adoración de la Cruz y la besen durante el oficio litúrgico solemne.
  • Via Crucis: Indulgencia plenaria. Para obtener la indulgencia plenaria deben cumplirse las siguientes normas:
    • El piadoso ejercicio debe ser cumplido ante las estaciones del Vía Crucis, legítimamente erigidas.
    • Es necesario desplazarse de una estación a la otra. Si el piadoso ejercicio se cumple públicamente y el movimiento de todos los presentes no puede hacerse con orden, es suficiente con que se mueva de una estación a la otra quien dirige el pío ejercicio, mientras los otros quedan en su sitio.
    • Los “impedidos” podrán alcanzar la misma indulgencia dedicando al menos media hora a piadosas lecturas y meditaciones de la Pasión y Muerte de Nuestro Señor Jesucristo.

SÁBADO SANTO

  • Renovación de las promesas bautismales:
    • Indulgencia par­cial a los fieles que renueven sus promesas bautismales según cualquier fórmula en uso.
    • Indulgencia plenaria si esta renovación tiene lugar durante la celebración de la Vigilia Pascual o el aniversario de su nacimiento.

OTRAS INDULGENCIAS

  • Santo Rosario:
    • Indulgencia plenaria si la recitación se hace en la iglesia o en un oratorio público, o también en familia, en una Comunidad religiosa, en una pía Asociación. Se concede indulgencia parcial en otras circunstancias.
    • Para la indulgencia plenaria se establecen las siguientes normas:
      • Es suficiente el recitado de la tercera parte del Rosario, pero las cinco decenas deben recitarse sin interrupción.
      • A la oración vocal se debe agregar la piadosa meditación de los misterios
  • Comunión espiritual: El acto de la comunión espiritual con cualquier fórmula piadosa está enriquecido con indulgencia parcial.
  • Lectura de la Sagrada Escritura:
    • Indulgencia parcial a quien lee la Sagrada Escritura con la veneración debida a la palabra divina y a modo de lectura espiritual.
    • Indulgencia plenaria si la lectura se extiende por lo menos a una media hora.

NORMAS GENERALES SOBRE LAS INDULGENCIAS

  • Las indulgencias, tanto parciales como plenarias, pueden ser aplicadas a los difuntos a modo de sufragio. Pero nadie puede aplicar a otros hombres aún vivos las indulgencias que gana.
  • Para ganar las indulgencias, se requieren las siguientes condiciones:­ Haber recibido el bautismo, no estar excomulgado, hallarse en estado de gracia (al menos al finalizar las obras prescriptas) y estar sometido a la jurisdicción de aquél que otorga las indulgencias. Asimismo, debe tenerse la intención, por lo menos en general, de ganarlas. Y es necesario que las obras prescriptas se realicen en el tiempo y modo establecidos en la concesión.
  • La indulgencia plenaria puede ser ganada una sola vez por día. Pero el fiel puede ganar la indulgencia “in articulo mortis” aun cuando ya haya ganado otra indulgencia plenaria ese mismo día.
  • La indulgencia parcial puede ser ganada varias veces por día, salvo explícita indicación en contrario.
  • Para ganar la indulgencia plenaria, debe cumplirse con la obra prescripta y, además, otras tres condiciones: 1. Confesión. 2. Comunión Sacramental. 3. Oración por las intenciones del Sumo Pontífice. Se indica además, que sea excluido toda inclinación al pecado, aún al venial.
  • Si falta esta plena disposición, o si no se cumplen las condiciones mencionadas, la indulgencia será solamente parcial.
  • Las tres condiciones pueden ser cumplidas varios días antes o des­pués de la obra prescripta; sin embargo, es conveniente que la comunión y la oración por las intenciones del Sumo Pontífice se reali­cen el mismo día en que se cumple la obra prescripta.
  • Con una sola confesión sacramental se pueden alcanzar muchas indulgencias plenarias. En cambio, con una sola comunión eucarística y una sola plegaria según las intenciones del Sumo Pontífice se puede alcanzar una sola indulgencia plenaria.
  • Se cumple plenamente la condición de la oración según las intenciones del Sumo Pontífice recitando, según sus intenciones, un Padrenuestro y un Avemaría. Queda librado a la libertad de los fieles el recitar cualquier otra plegaria según la piedad y la devoción de cada uno.
  • No se puede alcanzar una indulgencia con una obra que de por sí se esté obligado a hacer por ley o por precepto, a menos que en la concesión no se diga expresamente lo contrario. No obstante, quien cumple una obra que le fue impuesta como penitencia sacramental, puede al mismo tiempo satisfacer la penitencia y alcanzar la eventual indulgencia anexa a esta obra.

Fuente: Dominus Est

Portada:

www.anarey.es

Angel Pantoja

Vestidor David Calleja

Ver también: ¡Nueva Indulgencia plenaria disponible durante la pandemia del Covid-19!

La Comunión Espiritual y los Frutos de la Misa

Por The Missive, FSSP. SummorumPontificum.mx . 3 de abril de 2020.

El siguiente artículo fue publicado en beneficio de los feligreses por uno de nuestros nuevos sacerdotes, el Rev. P. William Rock, pastor asistente de la Misión Mater Mísericordia, nuestro apostolado en Phoenix, Arizona [EE.UU.].


Con tantos de ustedes imposibilitados de asistir a Misa en este momento, creemos que esto es algo excelente para compartir con ustedes, para que puedan conocer los grandes beneficios de las muchas Comuniones Espirituales que están haciendo y de las Misas privadas que nuestros sacerdotes están ofreciendo por sus intenciones.

‘Comunión Espiritual y los Frutos de la Misa’

por el p. William Rock, FSSP.

En este turbulento momento, deben saber que Dios y su Iglesia no los han abandonado. Incluso con la prohibición de los servicios de misa pública y comunión, todavía hay muchas fuentes de gracia que están disponibles para ustedes. Me gustaría abordar dos de ellos aquí: Comuniones espirituales y los frutos generales de la misa.

Siguiendo las enseñanzas del Catecismo del Concilio de Trento (1), también conocido como el Catecismo Romano, hay tres formas en que uno puede recibir la Comunión:

(1) Sólo sacramentalmente;

(2) sacramental y espiritualmente; y

(3) sólo espiritualmente.

Aquellos que reciben la comunión sabiendo que están en estado de pecado mortal, reciben sólo sacramentalmente. Esto se debe a que, si bien realmente reciben el Cuerpo, la Sangre, el Alma y la Divinidad de Cristo bajo las apariencias de pan y vino, no reciben ningún beneficio espiritual. Por el contrario, incurren en un pecado adicional.

Aquellos que reciben la comunión sacramental y espiritualmente reciben el Cuerpo, la Sangre, el Alma y la Divinidad de Cristo bajo las apariencias de pan y vino, y reciben beneficios espirituales.

Aquellos que reciben la Comunión sólo espiritualmente, reciben los beneficios espirituales de la Comunión sin recibir el Cuerpo, la Sangre, el Alma y la Divinidad de Cristo bajo las apariencias de pan y vino.

El Catecismo, explica aún, que aquellos que reciben sólo espiritualmente “son aquellos que, inflamados con una fe viva que obra por amor (cf. Gálatas 5, 6), participan, anhelan y desean ese pan celestial”. Hay varias cosas de este pasaje que deben tenerse en cuenta.

La primera es que, para recibir sólo espiritualmente, uno debe estar en un estado de gracia, ya que la virtud teológica de la caridad y la gracia santificante siempre existen juntas. Entonces, uno debe tener la Gracia Santificante, o estar en un estado de gracia, para hacer una Comunión Espiritual. Si no estás en un estado de gracia, recibe la absolución sacramental tan pronto como puedas (y mientras tanto, reza Actos de contrición). [Nota del editor: Incluso en ausencia de misas públicas, muchas parroquias siguen ofreciendo confesiones. Consulte con su parroquia para más detalles].

Luego, es importante tener en cuenta que una Comunión Espiritual debe incluir un anhelo y un deseo de recibir sacramental y espiritualmente a pesar de que tal recepción no es posible en el momento presente. Sería suficiente, entonces, rezar al comenzar a hacer una Comunión Espiritual lo siguiente:

“Señor, deseo recibirte en una Comunión sacramental y fructífera, pero, como no puedo en este momento, deseo recibirte espiritualmente”,

y luego continúe orando como lo haría al recibir sacramental y espiritualmente. Hay oraciones recomendadas por la Iglesia para hacer una comunión espiritual [Nota del editor: la versión de San Alfonso Ma. de Ligorio se incluye al final de este artículo]. No tienen que usarse necesariamente, y,  uno puede extraer frases e ideas de ellos – basadas en las propias disposiciones de uno mismo –para preparar las propias.

Las Comuniones Espirituales se pueden hacer en cualquier momento durante el día o la noche, y tantas veces como se quiera. Uno no necesita estar en una iglesia, frente al Tabernáculo, o incluso frente a una imagen sagrada. Las Comuniones Espirituales se pueden hacer en cualquier lugar, aunque claramente, no sería adecuado hacerlas en lugares inadecuados para la virtud.

La comunión espiritual nos ofrece muchas gracias, incluso si no podemos recibir a Nuestro Señor sacramentalmente.

No debemos preocuparnos de que nuestra santificación se vea impedida de alguna manera por recibir sólo espiritualmente, y no ‘sacramental y espiritualmente’ durante este tiempo. Como dice el Catecismo, aquellos que reciben solo espiritualmente “reciben, si no todo [el beneficio espiritual de una Comunión sacramental y espiritual], al menos muy buenos frutos”. Entonces, las gracias recibidas de las Comuniones sólo espirituales, pueden ser tan grandes como las gracias recibidas en una Comunión ‘sacramental y espiritual’.

Pero, para recibir tantas gracias y frutos de una comunión espiritual como sea posible, o incluso de una comunión sacramental y espiritual, uno debe estar dispuesto adecuadamente. Cuanto mejor dispuesto esté, más gracias podrá recibir.

Para disponerse adecuadamente, uno debe rezar oraciones preparatorias antes de recibir sacramental y espiritualmente. Estas oraciones se pueden encontrar en misales en la mano y en otros lugares, o se puede rezar con las propias palabras. El tiempo que uno debe pasar rezando tales oraciones dependerá de los otros deberes que uno tiene que cumplir. Es por eso que es importante llegar con tiempo antes del comienzo de la misa para poder rezar estas oraciones, si está planeando recibir (recuerde que solo se requiere recibir la Comunión sacramentalmente una vez al año desde el primer domingo de Cuaresma hasta Domingo de la Trinidad en los Estados Unidos). También se podrían rezar estas oraciones en casa antes de partir hacia la iglesia si fuera difícil hacerlo en la iglesia.

Para que una comunión espiritual sea fructífera, uno debe disponerse de la misma manera, ajustando los textos de las oraciones según sea necesario. Los preparativos antes de recibir ya sea sacramental y espiritualmente o solo espiritualmente deben incluir alguna forma de Acto de Contrición.

Sin embargo, sabemos que asistimos a misa por algo más que solo recibir la comunión. Cuando asistimos a Misa, le damos a Dios la adoración que se le debe a Él como nuestro Creador y nuestro Redentor ofreciéndole sin sangre el sacrificio sangriento de Cristo en la Cruz. La doble Consagración del pan y el vino hace que el Sacrificio de la Cruz esté presente sacramentalmente. Como el sacrificio de Cristo está presente, los frutos de ese sacrificio se ponen a disposición de los fieles. Estos frutos se colocan en cuatro grupos: (1) frutos ministeriales, (2) frutos muy especiales, (3) frutos especiales y (4) frutos generales.

Los Frutos Ministeriales son aquellos frutos que se ofrecen a aquellos en cuyo nombre el Sacerdote está celebrando la Misa. La intención que figura en el boletín de la Misa, por ejemplo, sería el destinatario de estos frutos (si la intención es alguien que puede recibir esos frutos).
Los frutos muy especiales son aquellos que se ofrecen al mismo sacerdote que celebra. A medida que ofrece el Sacrificio de la Misa en persona Christi para los demás y para sí mismo, estos frutos están disponibles para él.

Los frutos especiales también son para aquellos que participan o contribuyen a la misa; es decir, que son ofrecidos a aquellos que están cooperando en ofrecer el Sacrificio de la Misa por cualquier acto externo (además del Sacerdote). Esta cooperación incluye estar físicamente presente en la Misa, pero también contribuir materialmente a la celebración de la Misa. Aquellos que han donado flores, velas, vestimentas, vasijas litúrgicas y otras cosas similares que se usan en una Misa, incluido el edificio de la iglesia, reciben estos frutos especiales de esa misa.

La cantidad de frutos ofrecidos a cada uno es proporcional “a su cercanía de cooperación” (2) al sacrificio. Por lo tanto, al servidor de altar en el santuario se le ofrecerán más frutos especiales que las que se ofrecerán a los que están en los bancas.

Los frutos especiales también son para aquellos que participan o contribuyen a la misa; es decir, que son ofrecidos a aquellos que están cooperando en ofrecer el Sacrificio de la Misa por cualquier acto externo (además del Sacerdote).
Foto: Jueves Santo en FSSP Minneapolis

Tenga en cuenta, sin embargo, que hay una diferencia entre los frutos que se ofrecen y los frutos que se reciben. La cantidad que se recibe depende de la disposición de uno. Por lo tanto, si bien se le puede ofrecer más frutos al Servidor de Altar, es posible que reciba menos que algunas en los bancas, ya que, aunque se les ofreció menos, estaban mejor dispuestos y, por lo tanto, en realidad recibieron más que el Servidor. Por eso, nuevamente, las oraciones de preparación antes de la Misa son tan importantes, no solo para la recepción de la Comunión, sino también para recibir los frutos que estarán disponibles y para ofrecer dignamente el Sacrificio de la Misa a través de las manos del Sacerdote.


Por último están los frutos generales: Estos frutos se ofrecen a todos los miembros de la Iglesia, e incluso a los que están fuera de la Iglesia para su conversión. Para obtener estos frutos, una vez más, uno debe estar dispuesto adecuadamente. Esta es la razón por la cual las oraciones y las ofrendas matutinas son tan importantes y por qué uno debe incluir en las oraciones matutinas las palabras en el sentido de “Señor, durante el curso de este día, concédeme cualquier Indulgencia cuyos requisitos pueda cumplir y todos los frutos disponibles para mí. que fluye de todas las Misas, dijo en todo el mundo hoy “. Como las Misas se seguirán diciendo en privado durante este tiempo, deben aprovechar estas Frutos Generales que se producen. Además, si siente que califica para Frutos Especiales debido a cualquier contribución que haya hecho, asegúrese de pedir esas frutos también.

Esperemos que pueda ver que las prácticas explicadas anteriormente no se deben usar solo durante este tiempo infeliz. Estas lecciones deben integrarse en la vida espiritual de cada cristiano para que cada uno pueda extraer de todas las abundantes fuentes de gracia disponibles para él. +

Comunión espiritual de San Alfonso Ma. de Ligorio:

Jesús mío, creo que estás presente en el Santísimo Sacramento. Te amo por encima de todas las cosas y deseo recibirte en mi alma. Como ahora no puedo recibirte sacramentalmente, entra al menos espiritualmente en mi corazón. Te abrazo como si ya estuvieras allí, y me uno completamente a ti. Nunca permitas que me separe de ti.

Amén.

(1) Parte II: Los sacramentos – La Eucaristía

(2) O’Connell, La celebración de la misa (1964), p. 39, n. 6)

The Missive. FSSP

Traducción de Cecilia Rodríguez

SummorumPontificum.mx

Obispos preguntan a Jóvenes por qué se quedaron en la Iglesia Católica. Responden: ‘Por la Misa Tradicional’

“Ver la belleza en la tradición de la Iglesia y la reverencia en la misa tradicional. Este tipo de misa llevó a un encuentro con Cristo en la Eucaristía”.

“La disponibilidad de la Misa Tradicional, me hizo quedarme. Allí encontré reverencia y una llamada a vivir cada vez más profundamente una vida de amor sacrificial, y a luchar por el Cielo todos los días”.

Por Claire Chretien. SummorumPontificum.mx . 2 de abril de 2020.

La Conferencia de Obispos de los Estados Unidos (USCCB por sus siglas en inglés) preguntó a jóvenes católicos que no han abandonado la fe, ¿qué los hizo quedarse? Si bien su respuesta es sorpresiva para muchos, no lo será para cualquiera que esté familiarizado con el estado de la Iglesia hoy en día.


Antes que nada, hay que felicitar a la USCCB por preguntar a los jóvenes por qué se han quedado en la Iglesia en lugar de abandonarla; con demasiada frecuencia el liderazgo de la Iglesia toma sus indicadores sobre la catequesis y la evangelización de aquellos que objetan varias doctrinas católicas. También se debe felicitar a la USCCB por reconocer que los adultos jóvenes son una mejor autoridad en la “juventud” que los baby boomers liberales del Vaticano II, cuyo control sobre la vida de la Iglesia ha producido memes como “Susanita la del Consejo Parroquial”.

Muchos de los comentarios con más “Me gusta” sobre esta pregunta planteada a los seguidores de la USCCB en Facebook fueron sobre la Misa Tradicional en Latín (MTL), el hermoso y antiguo rito de la Misa que fue codificado en el Concilio de Trento. Ha habido un resurgimiento en la última década, aproximadamente, desde que el Papa Benedicto XVI aclaró que el Concilio Vaticano II nunca abrogó esta forma de la misa, y que los sacerdotes no necesitan el permiso de sus obispos para ofrecerla.

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Gran parte de este resurgimiento ha sido de mi generación. La belleza, la bondad y la verdad de Misa antigua nos atraen. Es de otro mundo. Dirige nuestros pensamientos al cielo y a Dios. No es un espectáculo que el sacerdote pone para la congregación. La Misa antigua ayuda a las almas a llegar al cielo. Hace que la gente sea católica, porque ésta es católica – mucho más católica que gran parte de lo que sucede en las parroquias en la mayor parte de Occidente.

“Tengo 23 años”, comentó una joven. “Permanezco debido a la verdad arraigada en la tradición que se encuentra en la Iglesia, especialmente en la Misa Tradicional en Latín”.

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“Descubrir la Misa Tradicional en Latín, y aprender sobre todas las hermosas enseñanzas tradicionales de nuestra Iglesia es lo que me ha mantenido católico”, dijo otro.

Un millennial de 24 años: “Ver la belleza en la tradición de la Iglesia y la reverencia en la misa tradicional. Este tipo de misa llevó a un encuentro con Cristo en la Eucaristía”, escribió un joven. “La música tradicional, el incienso, y la hermosa arquitectura tradicional de la iglesia. A través de padres que fueron grandes modelos de la fe y estuvieron muy involucrados en enseñarnos la fe y el ‘Por qué’ de las enseñanzas de la iglesia y de María. Me enseñaron el amor de Dios y cómo cuando nos esforzamos por amar a Dios en todas nuestras acciones, esto nos permite convertirnos plenamente en la persona que Dios nos hizo ser y que nos lleva a la felicidad”.

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Otros comentarios en la publicación de USCCB en Facebook reflejaron el mismo sentimiento:

“Descubrir la misa tradicional en latín fortaleció mi fe. La encontré en un momento estando en la universidad cuando me desconecté. Mi esposo no creció asistiendo a la iglesia, se convirtió en católico y también amó la misa en latín”.

“La Misa Tradicional en Latín que incluye la reverencia, la verdadera adoración, la petición y la Acción de Gracias de la Eucaristía. Sólida enseñanza católica sin error ni insinuaciones emocionales. ¡Muy agradecido por el Instituto de Cristo Rey Sumo Sacerdote! La Iglesia Católica es la verdadera fe en la que se encuentra la salvación”.


“Después de que mi novio (ahora esposo) me introdujera en la Forma Extraordinaria de la Misa, he cambiado mi carrera de maestra de música de primaria por una Maestría en Música Sacra. Mi corazón arde en deseos de compartir el regalo de nuestra herencia musical católica milenaria y reclamar esas piezas para el contexto de la liturgia en lugar de un escenario para conciertos (donde las he realizado en el pasado). Además, mi esposo y yo manejamos 30 minutos a nuestra parroquia que tiene la Forma Extraordinaria… así como una hermosa y adecuadamente ejecutada Forma Ordinaria. Recientemente descubrimos que hay un grupo de aproximadamente otras 20 familias jóvenes de nuestra área que hacen lo mismo después de haber descubierto la Forma Extraordinaria en los últimos años. Nuestra parroquia está creciendo, aumentando principalmente con adultos y familias jóvenes. Ver tal cuidado por la liturgia y aprender más sobre la liturgia y los tesoros de nuestra Iglesia me ha convertido en un católico aún más entusiasta que nunca en mi vida”.

“La disponibilidad de la Misa Tradicional (Forma Extraordinaria, como es llamada actualmente), me hizo quedarme. Allí encontré reverencia y una llamada a vivir cada vez más profundamente una vida de amor sacrificial, y a luchar por el Cielo todos los días”.

Fuente: Dominus Est

LA IMPORTANCIA DE LA SOTANA. Hagamos visible el Sacerdocio

Yo visto la sotana en realidad por el 96 % que no vienen a la iglesia, porque sabe usted, toda esta multitud que está al exterior, que no va a las iglesias, ¿cómo quiere usted que tengan ellos la oportunidad de encontrar un sacerdote?

P. Michel-Marie Zanotti Sorkine

Por P. Michel-Marie Zanotti Sorkine. SummorumPontificum.mx . 1 de abril de 2020.

VER VIDEO:

P. Michel Marie: Yo creo, vea usted, que el sacerdocio debe ser visible. Es necesario que podamos…

.

¿Pero por qué viste usted – si me lo permite – una sotana?

P. Michel Marie: Sí, la sotana, yo la visto en realidad por el 96 % que no vienen a la iglesia, porque sabe usted, toda esta multitud que está al exterior, que no va a las iglesias, ¿cómo quiere usted que tengan ellos la oportunidad de encontrar un sacerdote?

Es necesario que en los bares por donde voy, en ese gran boulevard a donde bajo todos los días, haya la posibilidad para todo el mundo de acercarse a mí, de hablarme, de confiarme cualquier cosas de su vida. Esta sotana es esencial.

Foto: Fraternidad Sacerdotal San Pedro en México

¿Así sucede?

P. Michel Marie: Así sucede, y creo que deberíamos verdaderamente hacer en esto un gran examen de conciencia, porque somos actualmente 15.000 sacerdotes en Francia, démonos cuenta, 9.000 están activos creo. Hay también 40.000 religiosas. Estoy seguro de que si todo el mundo – por un decreto que cayera del Cielo – se pusiera su sotana, tomara el velo, ¿qué pasaría? Pasaría que diariamente la gente encontraría servidores de Dios, y la Iglesia retomaría su lugar en el campo social.

Usted no hará amigos diciendo esto.

P. Michel Marie: Pero no importa, yo lo digo por el Señor y por el futuro del Cristianismo.

Fuente: Una Voce BAJA

Un capítulo de Una Voce México

Portada: Fraternidad Sacerdotal San Pedro en México

“LA MISA TRADICIONAL ME HA HECHO UN MEJOR SACERDOTE”: Testimonio de un Sacerdote que celebra Misa Tradicional

¿No habrá llegado el momento de que todos los sacerdotes del Rito Romano, en especial los seminaristas, profundicen en su conocimiento del Sacrificio del Altar aprendiendo la Misa tradicional?


Por UNA VOCE CHILE, Asociación Litúrgica Magnificat.  SummorumPontificum.mx . 26 de marzo de 2020.

Les ofrecemos a continuación, extraída de la web del capítulo chileno de la Federación Internaciónal Una Voce, la Asociación Litúrgica Magnificat, una traducción propia de un valioso testimonio aparecido en el sitio norteamericano Liturgy Guy (el original puede leerse aquí, en inglés). En él, un sacerdote nos cuenta cómo el haber aprendido a celebrar la Misa tradicional lo ha hecho un mejor sacerdote. Conservando la celebración birritual, el sacerdote da cuenta de cómo el conocimiento de la Misa tradicional lo ha ayudado también a celebrar la Misa de Pablo VI de un modo más digno y con mayor recogimiento, proceso de enriquecimiento anhelado por S.S. Benedicto XVI al promulgar el motu proprio Summorum Pontificum. Ojalá testimonios como estos conduzcan a los obispos a atender al llamado del Papa emérito de poner a disposición de los seminaristas la posibilidad de aprender la liturgia perenne de la Iglesia. UNA VOCE SEVILLA

La Misa tradicional me ha hecho un mejor sacerdote

Al aproximarse la Iglesia al aniversario del motu proprio Summorum Pontificum de Benedicto XVI, ha tenido lugar otro aniversario en la Iglesia de Santa Ana, en Charlotte, Carolina del Norte: se cumplieron más de 10 años desde que se volvió a celebrar la Misa tradicional en Charlotte. Desde aquella primera Misa rezada, de un sábado 31 de mayo de 2008 en la mañana, la Misa tradicional no ha dejado de hacerse más disponible y más popular en la ciudad.

Recientemente pregunté al párroco de Santa Ana, el P. Timothy Ried (metodista converso, que apareció hace poco en el programa “The Journey Home”, de EWTN) cómo le ha impactado el antiguo rito en su calidad de sacerdote:

“Después de años de celebrar la Misa tradicional, puedo decir que ella me ha hecho un mejor sacerdote. Me ha hecho amar estar sumergido en su tradición, y ser formado por sus rúbricas y oraciones. Lo más importante es que, celebrar la Misa tradicional, me ha hecho mejorar la forma en que celebro la Misa Novus Ordo. La disciplina que exige la Misa tradicional en su celebración se ha trasladado al modo como celebro la Misa Novus Ordo. Ciertamente he experimentado el mutuo enriquecimiento que Benedicto XVI esperaba que se produjera cuando se celebraran, una al lado de la otra, la Misa tradicional y la Misa Novus Ordo, y pienso que lo mismo ha experimentado nuestra parroquia. Creo firmemente tener un nuevo y mayor aprecio por la inmensa dignidad de la Misa”.

Esta respuesta del P. Ried no debiera sorprendernos. De hecho, he oído a otros sacerdotes expresar los mismos sentimientos cuando celebran la Misa tradicional. Unánimemente han declarado una mayor comprensión del Santo Sacrificio y de su sacerdocio, debido a haber tenido la experiencia del rito antiguo.

S.E. Alexander King Sample, Arzobispo de Portland, Oregon celebrando Misa Tradicional con Padres de la Fraternidad Sacerdotal San Pedro (FSSP)

Cabe recordar que el Arzobispo Alexander K. Sample, de Portland, Oregon, analizó estos mismos beneficios al dirigirse a la Conferencia Sacra Liturgia en Roma, en 2013. En esa ocasión dijo: “Estas son las razones por las que urjo a los obispos a que se familiaricen con el usus antiquior como un medio para lograr para sí mismos una formación litúrgica más profunda y más sólida, que sirva como punto de referencia para llevar a cabo la renovación y reforma de la liturgia en la Iglesia local. Por experiencia propia puedo decir que mi estudio de los antiguos ritos litúrgicos y su celebración han tenido un enorme impacto en mi propio aprecio de nuestra tradición litúrgica, y han fortalecido mi comprensión de los nuevos ritos y su celebración”.

Haciéndose eco de los mismos sentimientos expresados por el P. Ried, el Arzobispo Sample agregó: “El obispo debería también animar a sus seminaristas a que se familiaricen con ese usus antiquior, no sólo por la posibilidad de que puedan ser llamados a celebrar esta forma de la Misa para beneficio de los fieles, sino también para que, como futuros sacerdotes, puedan apreciar la profunda y rica tradición litúrgica de la que derivan los ritos reformados…”.

La verdad es que el rito romano tiene en la actualidad dos formas: la forma ordinaria (la Misa introducida en 1970), y la forma extraordinaria (una liturgia que data de los primeros siglos, y que ha permanecido casi intacta desde el primer milenio).

¿No es ya tiempo de que la Iglesia escuche a estos hombres que celebran ambas formas del Rito Romano, como el Arzobispo Sample y el P. Ried? ¿No habrá llegado el momento de que todos los sacerdotes del Rito Romano, en especial los seminaristas, profundicen en su conocimiento del Sacrificio del Altar aprendiendo la Misa tradicional?

Religión en libertad ha publicado un vídeo de la cuarta edición del congreso Ars Celebrandi, celebrado en la basílica de Nuestra Señora de Lichen (Polonia), durante el cual cuarenta sacerdotes polacos con destinos pastorales en todo el mundo aprendieron a celebrar la Misa tradicional y un centenar de laicos aprendieron a servirla, adquiriendo además una formación básica en gregoriano y polifonía.

FUENTE: Asociación Litúrgica Magnificat y Una Voce Sevilla

SummorumPontificum.mx

Fotografías: Apostolados de la Fraternidad Sacerdotal San Pedro

Portada: Karilú Valdés

‘El Dios de las sorpresas’ está llamando a los jóvenes a adorarle en la Misa Tradicional

Esta es una manifestación del “Dios de las Sorpresas”, como nos recuerda constantemente el Papa Francisco… Quizá, el aumento en la asistencia a estas Misas Tradicionales es un movimiento del Espíritu Santo.

Por The Rhode Island CatholicSummorumPontificum.mx . 24 de marzo de 2020.

En días pasados, el periódico The Washington Examiner publicó un artículo titulado, “Las Parroquias Tradicionales crecen a pesar de que el Catolicismo disminuye” [ver aquí]. El artículo comienza:

“Las parroquias católicas tradicionales dirigidas por una fraternidad sacerdotal están creciendo en los Estados Unidos, desafiando la tendencia del mayor declive en la Iglesia católica estadounidense comparado con las décadas anteriores. Durante el año pasado, las parroquias dirigidas por la Fraternidad Sacerdotal de San Pedro [FSSP], una sociedad de sacerdotes dedicados a celebrar la forma tradicional en latín de la Liturgia Católica, han reportado grandes aumentos en la asistencia a la misa dominical” [ver aquí].

S.E. el Obispo Athanasius Schneider celebrando Misa Tradicional en la iglesia de St. Mary, apostolado de la FSSP en Providence, Rhode Island.

El Washington Examiner también citó un par de encuestas que afirman que los ex católicos tienden a abandonar la Iglesia a una edad temprana, una encuesta muestra que casi el 80% de los ex católicos abandonan la fe antes de los 23 años de edad. Aproximadamente la mitad de los millennials, aquellos nacidos entre principios de los años 80 y mediados de los 90, que fueron criados como católicos, ya no se identifican como tales.

Dos encuestas de ex católicos de la última década han descubierto que quienes abandonaron la Iglesia Católica, usualmente lo hicieron porque perdieron interés en la religión lentamente, dejaron de creer en las enseñanzas de la Iglesia y no tuvieron cubiertas sus necesidades espirituales.

Incluso en la Diócesis de Providence, ha habido un interés creciente en la celebración de la Misa en la Forma Extraordinaria por parte de los adultos jóvenes y las familias. La semana pasada, en la Iglesia de Santa María en Providence [Rhode Island], el Obispo Athanasius Schneider, obispo auxiliar de Astana, Kazajistán, ordenó al sacerdocio a un joven de la Fraternidad Sacerdotal de San Pedro (FSSP) durante la misa celebrada en la Forma Extraordinaria.

La Iglesia estaba completamente llena, con la asistencia de cerca de 40 sacerdotes, así como muchas familias jóvenes, y niños. Quizá, como el Papa Francisco nos recuerda constantemente, esta es una manifestación del “Dios de las Sorpresas”.

Primeras comuniones en St. Anne Catholic Church. Apostolado de la FSSP en San Diego, CA.

El Papa Francisco nos alienta a estar abiertos al movimiento del Espíritu Santo. Quizá, el aumento en la asistencia a estas Misas Tradicionales es un movimiento del Espíritu Santo.

El Papa Francisco nos alienta a estar abiertos al movimiento del Espíritu Santo.

Fuente: Una Voce BAJA

Imágenes: Karilú Valdés

Mensaje sobre el Combate contra el Coronavirus, COVID-19: Card. Raymond L. Burke

Si, por alguna razón, no podemos tener acceso a iglesias y capillas, debemos recordar que nuestros hogares son una extensión de nuestra parroquia, una pequeña Iglesia en la que podemos acoger a Cristo, preparando el encuentro con Él en la Iglesia más grande. Dejemos que nuestros hogares, durante este tiempo de crisis, reflejen la verdad de que Cristo es el invitado de honor en cada hogar cristiano. Volvamos a Él a través de la oración, especialmente el Rosario, y de otras devociones. Si la imagen del Sagrado Corazón de Jesús, junto con la imagen del Inmaculado Corazón de María, aún no está entronizada en nuestro hogar, ahora sería el momento de hacerlo.

-Card. Raymond Leo Burke

Por S.E. Card. Raymond Leo Burke. El Perú necesita de Fátima. SummorumPontificum.mx . 23 de marzo de 2020.

Queridos amigos:

Desde hace algún tiempo, hemos estado en combate contra la propagación del coronavirus, COVID-19. Por todo lo que podemos decir —y una de las dificultades del combate es que aún queda mucho por aclarar sobre la peste—, la batalla continuará por algún tiempo. El virus involucrado es particularmente insidioso, ya que tiene un período de incubación relativamente largo, algunos dicen 14 días y otros 20 días, y es altamente contagioso, mucho más contagioso que otros virus que hemos experimentado.

Uno de los principales medios naturales para defendernos contra el coronavirus es evitar cualquier contacto cercano con los demás. Es importante, de hecho, mantener siempre una distancia, algunos hablan de un metro y otros hasta de dos metros lejos del otro, y, por supuesto, evitar reuniones de grupo, es decir, reuniones en las que las personas están muy cerca unas de otras. Además, dado que el virus se transmite por pequeñas gotas emitidas cuando uno estornuda o se suena la nariz, es fundamental lavarse las manos con frecuencia con jabón desinfectante y agua tibia durante al menos 20 segundos y usar desinfectante para manos y toallitas descartables. Es igualmente importante desinfectar las mesas, sillas, repisas, etc., sobre las cuales estas gotitas pueden haber caído y desde las cuales son capaces de transmitir el contagio por algún tiempo. Si estornudamos o nos sonamos la nariz, se nos aconseja usar un pañuelo facial de papel, descartarlo de inmediato y luego lavarnos las manos. Por supuesto, aquellos que son diagnosticados con el coronavirus deben ser puestos en cuarentena, y aquellos que no se sientan bien, incluso si no se les ha diagnosticado que padecen el coronavirus, deben, por caridad hacia los demás, permanecer en casa, hasta que se sientan mejor.

Viviendo en Italia, en donde la propagación del coronavirus ha sido particularmente letal, especialmente para los ancianos y para aquellos que ya se encuentran en un estado de salud delicada, me siento edificado por el gran cuidado que los italianos toman para protegerse a sí mismos y a los demás del contagio. Como ya habrán leído, el sistema de salud en Italia está puesto severamente a prueba en su esfuerzo de proporcionar la hospitalización necesaria y el tratamiento de cuidados intensivos para los más vulnerables. Les ruego rezar por los italianos y, en modo especial, por aquellos para quienes el coronavirus puede ser fatal, bien como por aquellos encargados de su asistencia. Como ciudadano de los Estados Unidos, he estado siguiendo la situación de la propagación del coronavirus en mi tierra natal y sé que las personas que viven en los Estados Unidos están cada vez más preocupadas con detener su propagación, por temor que una situación como la de Italia se repita en casa.

Toda esta situación ciertamente nos conduce a una profunda tristeza y también al temor. Nadie quiere contraer la enfermedad relacionada con el virus o que alguien la contraiga. Especialmente no queremos que nuestros seres queridos mayores u otras personas que sufren de salud corran peligro de muerte por la propagación del virus. Para luchar contra la propagación del virus, todos estamos en una especie de retiro espiritual forzado, confinados entre paredes, y privados de la posibilidad de mostrar señales habituales de afecto a familiares y amigos. Para quienes están en cuarentena, el aislamiento es claramente aún más severo, al no poder tener contacto con nadie, ni siquiera a distancia.

Como si la enfermedad asociada con el virus no fuera suficiente para preocuparnos, no podemos ignorar la devastación económica que ha causado la propagación del virus, con sus graves efectos en los individuos y las familias, y en aquellos que nos sirven de muchas maneras en nuestra vida diaria. Por supuesto, nuestros pensamientos no pueden evitar incluir la posibilidad de una devastación aún mayor de la población de nuestras patrias e, incluso, del mundo.

Ciertamente, tenemos razón en informarnos y en emplear todos los medios naturales para defendernos del contagio. Es un acto fundamental de caridad utilizar todos los medios prudentes para evitar contraer o propagar el coronavirus. Sin embargo, los medios naturales para prevenir la propagación del virus deben respetar lo que necesitamos para vivir, por ejemplo, el acceso a alimentos, agua y medicamentos. El Estado, por ejemplo, en su imposición de restricciones cada vez mayores sobre el movimiento de las personas, permite que las personas puedan ir al supermercado y a la farmacia, respetando las precauciones de distanciamiento social y el uso de desinfectantes por parte de todos los involucrados.

Al evaluar lo que se necesita para vivir, no debemos olvidar que nuestra primera consideración ha de ser nuestra relación con Dios. Recordamos las palabras de Nuestro Señor en el Evangelio según San Juan: “El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él” (14, 23 ). Cristo es el Señor de la naturaleza y de la historia. Él no está ni distante ni se ha desinteresado de nosotros y del mundo. Nos ha prometido: “he aquí que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo” (Mt 28, 20). En el combate al mal del coronavirus, nuestra arma más efectiva es, por lo tanto, nuestra relación con Cristo a través de la oración y de la penitencia, de las devociones y de la sacra adoración. Nos volvemos a Cristo para liberarnos de la peste y de todo daño y Él nunca deja de responder con amor puro y desinteresado. Por eso mismo nos es esencial en todo momento, y sobre todo en tiempos de crisis, tener acceso a nuestras iglesias y capillas, a los sacramentos, a las oraciones y devociones públicas.

De la misma manera que podemos comprar alimentos y medicinas con cuidado de no propagar el coronavirus al hacerlo, también debemos poder orar en nuestras iglesias y capillas, recibir los sacramentos y participar en actos de oración pública y devoción, para que reconozcamos la cercanía de Dios con nosotros y permanezcamos cerca de Él, invocando en modo adecuado su ayuda. Sin la ayuda de Dios, estamos de veras perdidos. Históricamente, en tiempos de peste, los fieles se reunían en fervientes oraciones y participaban en procesiones. De hecho, en el Misal Romano promulgado por el Papa S. Juan XXIII en 1962, hay textos especiales para la Santa Misa a ser ofrecida en tiempos de peste, la Misa votiva para la liberación de la muerte en tiempos de peste (Missae Votivae ad Diversa, n. 23). Del mismo modo, en la letanía tradicional de los santos, rezamos: “¡De la peste, del hambre y de la guerra, líbranos, oh Señor!”.

A menudo, cuando nos encontramos en un gran sufrimiento e incluso debiendo enfrentar la muerte, nos preguntamos: “¿Dónde está Dios?”. Pero la verdadera pregunta es: “¿Dónde estamos nosotros?”. En otras palabras, Dios está seguramente con nosotros para ayudarnos y salvarnos, especialmente en el momento de una prueba severa o de la muerte, pero con frecuencia nosotros estamos muy lejos de Él debido a nuestra incapacidad para reconocer nuestra total dependencia de Él y, por lo tanto, para rezarle diariamente y ofrecerle nuestra adoración.

En estos días he escuchado tantos católicos devotos que están profundamente tristes y desanimados por no poder rezar y adorar en sus iglesias y capillas. Entienden la necesidad de observar las distancias físicas y seguir las otras precauciones, y respetan estas medidas prudenciales, lo que pueden hacer fácilmente en sus lugares de culto. Pero, frecuentemente tienen que aceptar el profundo sufrimiento de ver sus iglesias y capillas cerradas, y de no tener acceso a la Confesión y a la Sagrada Eucaristía.

Del mismo modo, una persona de fe no puede considerar la actual calamidad en la que nos encontramos sin considerar también cuán distante está nuestra cultura popular de Dios. No solo es indiferente a su presencia en medio de nosotros, sino que es abiertamente rebelde hacia Él y hacia el buen orden con el que nos ha creado y nos sostiene en el ser. Basta pensar en los ataques violentos generalizados contra la vida humana, masculina y femenina, que Dios ha hecho a su propia imagen y semejanza (Gn 1, 27), ataques contra los no nacidos inocentes e indefensos y contra aquellos que deben ocupar el primer lugar en nuestros cuidados, aquellos que están fuertemente atribulados por enfermedades graves, años avanzados o necesidades especiales. Somos testigos cotidianos de la propagación de la violencia en una cultura que no respeta la vida humana.

Del mismo modo debemos pensar en el ataque generalizado contra la integridad de la sexualidad humana, nuestra identidad como hombre o mujer que, con el pretexto de poder definirla nosotros mismos, la pretendemos distinta de la que Dios nos ha dado, y ello, a menudo, empleando medios violentos. Somos testigos con una creciente preocupación del efecto devastador en los individuos y las familias de la llamada “teoría de género”.

También somos testigos, incluso dentro de la Iglesia, de un paganismo que rinde culto a la naturaleza y a la Tierra. Hay quienes dentro de la Iglesia se refieren a la Tierra como a nuestra madre, como si viniéramos de la Tierra y esta fuera nuestra salvación. Pero venimos de las manos de Dios, Creador del Cielo y la Tierra. Solo en Dios encontramos la salvación. Decimos con las palabras divinamente inspiradas del salmista: “Solo [Dios] es mi roca y mi salvación; él es mi protector. ¡Jamás habré de caer!” (Sal 62 [61], 6). Vemos cómo la propia vida de la fe se ha vuelto cada vez más secularizada y, por lo tanto, ha comprometido el señorío de Cristo, Dios Hijo encarnado, Rey del Cielo y de la Tierra. Somos testigos de muchos otros males que proceden de la idolatría, de la adoración a nosotros mismos y a nuestro mundo, en lugar de adorar a Dios, la fuente de todo ser. Tristemente vemos en nosotros mismos la verdad de las palabras inspiradas de San Pablo “contra toda impiedad e injusticia de los hombres que aprisionan la verdad en la injusticia”“cambiaron la verdad de Dios por la mentira, y adoraron y sirvieron a la criatura en vez del Creador, que es bendito por los siglos. Amén” (Rom 1, 18. 25).

Muchos con quienes estoy en comunicación, reflexionando sobre la actual crisis de salud mundial con todos sus efectos concomitantes, me han expresado la esperanza de que ella nos llevará, como individuos, familias, y sociedad, a reformar nuestras vidas, a recurrir a Dios que seguramente está cerca de nosotros y que es inconmensurable e incesante en su misericordia y amor hacia nosotros. No hay duda de que grandes males como las pestes son efecto del pecado original y de nuestros pecados actuales. Dios, en su justicia, debe reparar el desorden que el pecado introduce en nuestras vidas y en nuestro mundo. De hecho, él cumple las demandas de la justicia con su misericordia superabundante.

Dios no nos ha dejado en el caos y la muerte, que el pecado ha introducido en el mundo, sino que ha enviado a su Hijo unigénito, Jesucristo, a sufrir, morir, resucitar de entre los muertos y ascender en gloria a su diestra, para permanecer con nosotros siempre, purificándonos del pecado e inflamándonos con su amor. En su justicia, Dios reconoce nuestros pecados y la necesidad de su reparación, mientras que en su misericordia nos derrama la gracia de arrepentirnos y reparar. El profeta Jeremías oró: “Reconocemos, oh Señor, nuestra impiedad, la iniquidad de nuestros padres, pues hemos pecado contra ti”, pero inmediatamente continúa su oración: “por amor a tu nombre, no deshonres el trono de tu gloria; acuérdate, no anules tu pacto con nosotros” (Jer 14, 20-21).

Dios nunca nos da la espalda; Él nunca romperá su pacto de amor fiel y duradero con nosotros, a pesar de que con tanta frecuencia somos indiferentes, fríos e infieles. Mientras el sufrimiento actual nos revela tanta indiferencia, frialdad e infidelidad de nuestra parte, estamos llamados a recurrir a Dios y rogar por su misericordia. Debemos estar seguros de que nos escuchará y nos bendecirá con sus dones de misericordia, perdón y paz. Debemos unir nuestros sufrimientos a la Pasión y Muerte de Cristo y así, como dice San Pablo, “completo en mi carne lo que falta a las tribulaciones de Cristo, en favor de su Cuerpo, que es la Iglesia” (Col 1, 24). Viviendo en Cristo, conocemos la verdad de nuestra oración bíblica: “La salvación de los justos viene de Yahveh, él es su refugio en tiempo de angustia” (Sal 37 [36], 39). En Cristo, Dios nos ha revelado completamente la verdad expresada en la oración del salmista: “Amor y Verdad se han dado cita, Justicia y Paz se abrazan” (Sal 85 [84], 10).

En nuestra cultura totalmente secularizada, hay una tendencia a ver la oración, las devociones y la adoración como cualquier otra actividad, por ejemplo, ir al cine o a un partido de fútbol, ​​lo cual no es esencial y, por lo tanto, puede cancelarse por precaución para frenar la propagación de un contagio mortal. Pero la oración, las devociones y la adoración, sobre todo, la Confesión y la Santa Misa, son esenciales para que podamos mantenernos sanos y fuertes espiritualmente, y para que busquemos la ayuda de Dios en un momento de gran peligro para todos. Por lo tanto, no podemos simplemente aceptar las determinaciones de gobiernos seculares que consideran la adoración a Dios al par que ir a un restaurante o a una competencia deportiva. De lo contrario, las personas que ya sufren tanto por los resultados de la peste se ven privadas de esos encuentros abiertos con Dios, que está en nuestro medio para restaurar la salud y la paz.

Nosotros, obispos y sacerdotes, debemos explicar públicamente la necesidad que los católicos tienen de rezar y de rendir culto en las iglesias y capillas, de hacer procesiones por las calles pidiendo la bendición de Dios sobre el pueblo que sufre tan intensamente. Tenemos que insistir en que las medidas tomadas por el Estado, aunque sean también por el bien del Estado, reconozcan la importancia única de los lugares de culto, especialmente en tiempos de crisis nacional e internacional. En el pasado, los gobiernos han entendido la importancia de la fe, de la oración y de la devoción para superar una situación de peste.

Así como hemos encontrado maneras de proveer alimentos, medicinas y otras necesidades en plena crisis sanitaria, sin correr el riesgo de irresponsablemente propagar del virus, así también podemos encontrar maneras de satisfacer las necesidades de nuestra vida espiritual. Podemos proporcionar más oportunidades para la Santa Misa y para las devociones en que los fieles pueden participar sin violar las precauciones necesarias contra la propagación del contagio. Muchas de nuestras iglesias y capillas son muy grandes. Permiten que un grupo de fieles se reúna para orar y rendir culto sin violar los requisitos de la “distancia social”. El confesionario con la pantalla tradicional generalmente está equipado o, si no, puede equiparse fácilmente con un velo delgado que puede tratarse con desinfectante, de modo que el acceso al Sacramento de la Confesión sea posible sin grandes dificultades y sin peligro de transmitir el virus. Si una iglesia o capilla no tiene suficiente empleados como para poder desinfectar regularmente los bancos y otras superficies, no tengo dudas de que los fieles, en agradecimiento por los dones de la Sagrada Eucaristía, la Confesión y la devoción pública, ayudarán con mucho gusto.

Incluso si, por alguna razón, no podemos tener acceso a iglesias y capillas, debemos recordar que nuestros hogares son una extensión de nuestra parroquia, una pequeña Iglesia en la que podemos acoger a Cristo, preparando el encuentro con Él en la Iglesia más grande. Dejemos que nuestros hogares, durante este tiempo de crisis, reflejen la verdad de que Cristo es el invitado de honor en cada hogar cristiano. Volvamos a Él a través de la oración, especialmente el Rosario, y de otras devociones. Si la imagen del Sagrado Corazón de Jesús, junto con la imagen del Inmaculado Corazón de María, aún no está entronizada en nuestro hogar, ahora sería el momento de hacerlo. El lugar de la imagen del Sagrado Corazón será para nosotros un pequeño altar doméstico, en el que nos reunimos, conscientes de que Cristo vive con nosotros a través del Espíritu Santo en nuestros corazones. Coloquemos nuestros corazones, a menudo pobres y pecadores, en su glorioso Corazón perforado, siempre abierto para recibirnos, para sanarnos de nuestros pecados y llenarnos de amor divino. Si desea entronizar la imagen del Sagrado Corazón de Jesús, le recomiendo el manual «La Entronización del Sagrado Corazón de Jesús», disponible a través del Apostolado Catequista Mariano.

Para aquellos que no pueden tener acceso a la Santa Misa y a la Sagrada Comunión, recomiendo la práctica devota de la Comunión Espiritual. Cuando estamos en condiciones de recibir la Sagrada Comunión, es decir cuando estamos en estado de gracia, cuando no somos conscientes de ningún pecado mortal que hayamos cometido y por el que aún no hemos sido perdonados en el Sacramento de la Penitencia, y deseamos recibir a Nuestro Señor en la Sagrada Comunión, pero estamos incapacitados de hacerlo, nos podemos unir espiritualmente al Santo Sacrificio de la Misa, rezando a Nuestro Señor Eucarístico con las palabras de San Alfonso María de Ligorio: “Como ahora no puedo recibirte sacramentalmente, ven al menos espiritualmente en mi corazón”. La comunión espiritual es una hermosa expresión de amor por Nuestro Señor en el Santísimo Sacramento. No dejará de traernos abundantes gracias.

Asimismo, cuando somos conscientes de haber cometido un pecado mortal y no podemos tener acceso al Sacramento de la Penitencia o Confesión, la Iglesia nos invita a realizar un acto de contrición perfecta, es decir de pena por el pecado, que “Surge de un amor por el cual Dios es amado por encima de todo”. Un acto de contrición perfecta “obtiene el perdón de los pecados mortales si incluye la firme resolución de recurrir a la confesión sacramental lo antes posible” (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1452). Un acto de contrición perfecta dispone nuestra alma para la comunión espiritual.

Como siempre, fe y razón trabajan juntas para proporcionar una solución justa y correcta a un desafío difícil. Debemos usar la razón, inspirada por la fe, para encontrar la manera correcta de enfrentar esta pandemia mortal. Esa manera debe dar prioridad a la oración, a la devoción y a la adoración, a la invocación de la misericordia de Dios sobre su pueblo que tanto sufre y está en peligro de muerte. Hechos a imagen y semejanza de Dios, disfrutamos de los dones del intelecto y del libre albedrío. Usando estos dones dados por Dios, unidos a los dones, también dados por Dios, de la Fe, la Esperanza y el Amor, encontraremos nuestro camino en estos tiempos de prueba universal que tanta tristeza y miedo está causando.

Podemos contar con la ayuda y la intercesión de la gran hueste de nuestros amigos celestiales, con quienes estamos íntimamente unidos en la Comunión de los Santos: la Virgen María Madre de Dios, los santos Arcángeles y Ángeles Guardianes, San José, verdadero Esposo de la Virgen María y Patrono de la Iglesia Universal, San Roque, a quien invocamos en tiempos de epidemia, y los otros santos y beatos a quienes recurrimos regularmente en oración. Todos están a nuestro lado. Nos guían y nos aseguran constantemente que Dios nunca dejará de escuchar nuestra oración. Él responderá con su inconmensurable e incesante misericordia y amor.

Queridos amigos, les ofrezco estas breves reflexiones, profundamente consciente de cuánto están sufriendo por la pandemia de coronavirus. Espero que ellas puedan serles de ayuda. Sobre todo, espero que les inspiren a recurrir a Dios en oración y adoración, cada uno según sus posibilidades, y así experimenten su cuidado y su paz. Con las reflexiones les envío la promesa que los recordaré todos los días en mis oraciones y penitencias, especialmente en la celebración del Santo Sacrificio de la Misa.

Les pido por favor que se acuerden de mí en sus oraciones.

Quedo de ustedes en el Sagrado Corazón de Jesús y el Inmaculado Corazón de María, y en el Castísimo Corazón de San José,

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Raymond Leo Cardenal BURKE

21 de marzo de 2020

Fiesta de San Benito Abad

Traducción por El Perú necesita de Fátima

Original de Su Eminencia Cardenal Raymond Leo Burke en inglés: Aquí

Procesión y bendición contra la Pandemia Covid-19, con la Reliquia de la Santa Cruz

Por SummorumPontificum.mx . 20 de marzo de 2020.

El jueves 19 de marzo, en el marco de la festividad de San José, el apostolado de la Fraternidad Sacerdotal San Pedro ubicado en la Capilla de la Inmaculada Concepción en la Ciudad de México, realizó una procesión a lo largo de varias cuadras en los alrededores de esta Capilla, contra la Pandemia del Covid-19.

La santa misa tradicional en latín celebrada en honor de San José, fue celebrada con modesta solemnidad, en unión y consideración a todos nuestros hermanos católicos, presentes en las intenciones de esta misa, y quienes en este momento en diferentes ciudades en el mundo, con gran dolor, se han visto privados del Santo Sacrificio, e incluso del acceso a los sacramentos.

Veneración de las reliquias de la Santa Cruz en la Capilla de la Inamculada Concepción en Salto del Agua. FSSP México.

Previo a la procesión, se veneraron las reliquias de la Santa Cruz al interior de la Capilla, y al concluir la misma después de haber recorrido varias cuadras a la redonda, se repitió la bendición a los fieles con la reliquia de la Santa Cruz tal como se ha venido haciendo todos estos últimos días, rezando las Preces para Tiempos de Mortalidad y de Peste.

El Rev. P. Martín Rangel FSSP bendiciendo a los fieles con la reliquia de la Santa Cruz para su protección contra la pandemia. FSSP México

La Procesión no pudo ser concurrida como en otras ocasiones, apenas con el sacerdote sosteniendo la reliquia de la Santa Cruz y bendiciendo con ella a negocios, casas y transeúntes que se persignaban al paso de esta modesta procesión, acompañado de unos pocos acólitos y un puñado de fieles cantando letanías durante el recorrido, atendiendo las recomendaciones de evitar las aglomeraciones durante esta crisis de riesgo de contagio del virus.

Por la tarde noche, después de la misa de 7 p.m., la segunda del día, se hizo la tradicional bendición de galletas en honor de San José, como parte de la tradición de la Mesa de San José, o ‘Távola di San Giuseppe’ de origen italiano. La mesa, llena de galletas y pasteles, o bizcochos, tradicionalmente carece de platos de carne en conmemoración de la temporada de Cuaresma en la que en años pasados también se hacía abstinencia de azúcar. Es una breve pausa en este tiempo de penitencia.

Tradicional Mesa en honor de San José. FSSP México.

El Apostolado de la Fraternidad Sacerdotal San Pedro en la Capilla de la Inmaculada Concepción, se encuentra en Salto del Agua, en el Centro Histórico de la Ciudad de México, donde se celebra de manera exclusiva la misa tradicional en latín, con aprobación del Sr. Arzobispo Primado de México, de lunes a viernes a las 12 y 19 hrs., sábados a las 12 hrs., y domingos a las 10 y 12:30 hrs. (con una misa más los domingos a las 8 a.m. de manera provisional).

A continuación compartimos algunas imágenes de la veneración de las reliquias de la Santa Cruz, y de la procesión con éstas. Al final encontrará las Preces rezadas para Tiempos de Mortalidad y de Peste, en latín y español.

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Imágenes por FSSP México


PRECES TEMPORE MORTALITATIS ET PESTIS

(ex Rituale Romano, Titulus IX, Caput X)

V. Dómine, non secúndum peccáta nostra fácias nobis.

R. Neque secúndum iniquitátes nostras retríbuas nobis.

V. Adjuva nos, Deus, salutáris noster.

R. Et propter glóriam nóminis tui, Dómine, líbera nos

V. Dómine, ne memíneris iniquitátum nostrárum antiquárum.

R. Cito antícipent nos misericórdiæ tuæ, quia páuperes facti sumus nimis.

V. Ora pro nobis, sancte Sebastiáne.

R. Ut digni efficiámur promissiónibus Christi.

V. Dómine, exáudi oratiónem meam.

R. Et clamor meus ad te véniat.

V. Dóminus vobíscum.

R. Et cum spíritu tuo.

Orémus.

Exáudi nos, Deus salutáris noster: et intercedénte beáta et gloriósa Dei genitríce María semper vírgine, et beáto Sebastiáno mártyre tuo, et ómnibus Sanctis, pópulum tuum ab iracúndiæ tuæ terróribus líbera, et misericórdiæ tuæ fac largitáte secúrum.

Propitiáre, Domine, supplicatiónibus nostris: et animárum et córporum medére languóribus: ut remissióne percépta, in tua semper benedictióne lætémur.

Da nobis, quǽsumus, Dómine, piæ petitiónis efféctum: et pestiléntiam mortalitatémque propitiátus avérte; ut mortálium corda cognóscant, et te indignánte tália flagélla prodíre, et te miseránte cessáre. Per Dóminum.

R. Amen.

Ultimo benedicit cum Reliquia S. Crucis, dicens:

Benedíctio Dei omnipoténtis, Patris, et Fílii, + et Spíritus Sancti, descéndat super vos, et máneat semper.

R. Amen.


Imágenes: FSSP México.

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