BREVE HISTORIA DE LA DIÓCESIS


La ciudad de Guadalajara, “la perla de occidente”, es una de las principales ciudades mexicanas con más de 5 millones de habitantes y una cultura cosmopolita. Con 479 años de historia sus calles, su comida, su música y religiosidad nos hablan del alma mexicana. Guadalajara es ante todo católica y así queda demostrado por sus bellos templos, tradiciones y valores.

La ciudad fue fundada el 14 de febrero de 1542 en el Valle de Atemajac junto al río de San Juan de Dios y en ese mismo año fue nombrada ciudad y dotada de escudo de armas por el rey Carlos I de España. Fray Antonio de Segovia en ese mismo año obsequió a los indígenas de Zapopan la imagen mariana que lo acompañaba desde 1529 y que él mismo llamó “pacificadora”, este título es debido a que en una lucha entre indígenas y españoles (ya que los primeros se rebelaron ante todo lo que fuera español y había gran peligro de perder muchas vidas en ambos bandos); él subió al cerro donde era la batalla, con la imagen bendita y los 6000 indios que luchaban se rindieron, esta imagen de la “Virgen de Zapopan” ha acompañado a esta ciudad y diócesis desde antes de sus inicios.

La diócesis fue fundada en 1548 y su territorio coincidió inicialmente con el territorio de la Real Audiencia de Guadalajara. Al sur hacía frontera con el obispado de Michoacán; al oriente, con el Golfo de México; al poniente, con el Océano Pacífico, y hacia el norte, no tenía límites definidos. Era la diócesis más grande del mundo, en cuanto a territorio.

Las órdenes religiosas masculinas llegaron desde los inicios de la conquista, primero los franciscanos, luego los agustinos en 1565, los dominicos en 1585, los jesuitas en 1586 y finalmente los carmelitas en 1593, entre otros.

La labor de la evangelización, tanto del actual Occidente de México y de Estados Unidos, como del extremo Oriente asiático, hicieron de Guadalajara el punto de partida de grandes misioneros, tales como el padre Juan María Salvatierra y fray Junípero Serra.

Es importante la obra que las órdenes religiosas, masculinas y femeninas, desarrollaron en el campo de la educación. Hubo diversos tipos de instituciones, pero es especial el caso del Colegio de Santo Tomás, luego Universidad Real y Literaria de Guadalajara, actual Universidad de Guadalajara, a cargo en ese entonces de la Compañía de Jesús, y que fue financiada y promovida por el Siervo de Dios Fray Antonio Alcalde y Barriga. Dígase de éste último que fue gran benefactor de Guadalajara y entre sus obras figura el Hospital de San Miguel de Belén, actual “Antiguo Hospital Civil de Guadalajara “Fray Antonio Alcalde”, uno de los más grandes de América en su fundación y actualmente de los más grandes de México.

Se destaca la preocupación por la formación de los sacerdotes estableciéndose de forma definitiva el Seminario del Señor San José en 1696 y en el cual se formaron no sólo aspirantes al sacerdocio, sino cuantos aspiraban a realizar después una carrera civil. Cabe destacar que este seminario continúa funcionando, tiene 325 años y es uno de los más grandes del mundo.

El 26 de enero de 1863, el papa Pio IX, mediante la bula pontificia “Romana Ecclesia” erige la Diócesis de Guadalajara como Arquidiócesis de Guadalajara.

LA VIRGEN DE ZAPOPAN


La devoción a Nuestra Señora de Zapopan se fue consolidando con el pasar de los años. La fama de la Virgen fue creciendo y se empieza a oír por doquiera de milagros obtenidos por su intercesión. Entonces el obispo de Guadalajara, el Sr. Ruiz Colmenero, nombra una comisión de jesuitas y comprobados los milagros, el propio obispo los declara verídicos en 1653, con lo cual la pequeña ermita que tenía la Virgen se convierte en Santuario, y a la imagen de la virgen se le da el título de “Milagrosa”.

En 1695, la imagen es llevada a la ciudad de Guadalajara, que era azotada por epidemias e inundaciones y la situación mejoró. Por el año de 1734, nuevamente Guadalajara sufre de tempestades con su secuela de inundaciones y epidemias, por lo cual, de nuevo las autoridades civiles y la misma comunidad, suplican al obispo sea traída la imagen de la virgen de Zapopan; el obispo accede, y la imagen es llevada a todos los barrios y capillas de Guadalajara; posteriormente, los notarios darán testimonio de la mejoría que toda la ciudad obtuvo de esta visita; por lo mismo, los cabildos eclesiástico y civil, la Audiencia y la gobernación del reino, encabezados por el obispo, declaran patrona y protectora de la ciudad, a Ntra. Sra. de Zapopan; el pueblo de Dios le dará un nuevo título: “Patrona contra rayos, tempestades y epidemias”.

La jura de este patronato, conlleva la obligación de traer la imagen cada año, durante el tiempo de lluvias, para que por turno vaya visitando todas las iglesias de la ciudad, tradición que ha continuado a lo largo de los años, inclusive durante los tiempos de persecución, peregrinación que cada año concluye con la famosa romería de Zapopan el 12 de octubre y que reúne cada año a millones de personas.

En la consumación de la independencia y en el nacimiento del estado de Jalisco, se le otorgaron a la bendita imagen dos nuevos títulos que tanto el ejército como las autoridades eclesiásticas y el pueblo de Dios, ofrecieron a Ntra. Sra. de Zapopan por manos del obispo Juan Cruz Ruiz de Cabañas. En 1821 la declararon “Generala”, y en 1823, “Patrona universal del nuevo Estado de Jalisco”, revistiendo a la venerada imagen con las correspondientes insignias.

La Iglesia en México ha sufrido persecución en distintos períodos pero especialmente cruento fue el que ocurrió entre 1926 y 1929, en que los cultos fueron suspendidos en todo el país, suscitándose la llamada guerra cristera. Pero ya desde antes con el inicio de la revolución había iniciado la persecución y en este ambiente hostil hacia la iglesia, el arzobispo de Guadalajara, D. Francisco Orozco y Jiménez, decidió coronar con autoridad pontificia la imagen de la virgen. La solemne coronación ocurrió el 18 de enero de 1921 en la Catedral de Guadalajara. Las crónicas de aquellos tiempos refieren que la multitud de fieles cubría todo el centro de la ciudad, y asistía arrodillada al solemne acto; entonces la virgen recibió un nuevo título: “Reina de Jalisco”. Sin duda este notable acontecimiento contribuyó en gran manera a fortalecer la fe de la comunidad frente a las difíciles circunstancias por las que atravesaba la Iglesia. De hecho, varios de los sacerdotes que posteriormente sufrieron el martirio, y hoy han sido canonizados, estuvieron en esta ceremonia.

Otro título de la Virgen es el de “Reina del Lago de Chapala”, el cual estaba en sequía en los años 50 del pasado siglo y después de la visita de la Virgen de Zapopan se recuperó milagrosamente. Y el 12 de octubre de 1989, el papa Juan Pablo II, a petición del señor cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo, la nombró patrona universal de la Arquidiócesis de Guadalajara.

LA CRISTIADA


Durante la persecución a la Iglesia de los años 20 del siglo pasado miles de cristianos sufrieron el martirio y dieron testimonio vivo de su amor por la Iglesia, Cristo Rey y Santa María de Guadalupe. El pueblo se levantó y defendió a su Rey y estas batallas se dieron principalmente en el occidente de México, gran parte de Jalisco y de los ahora canonizados santos mártires mexicanos muchos fueron tapatíos, como se le llama a los oriundos de esta ciudad, o pertenecían al clero de Guadalajara y habían pasado por su Seminario.

Hablaremos solamente del más tapatío de todos: San David Galván. Este santo nació en 1881 y fue bautizado en la Iglesia de Nuestra Señora del Pilar (templo encargado actualmente a la Fraternidad de San Pedro y donde se celebra la Misa tradicional), su familia era muy pobre, por lo que ayudó a su padre en un modesto taller de zapatería. En 1895 ingresó al Seminario de Señor San José, mismo que abandonó después de cinco años. Durante el tiempo que estuvo fuera, su estilo de vida descendía más y más, y al darse cuenta de ello, a los 21 años pidió ser readmitido en el Seminario.

Poco a poco el cambio fue evidente y se notaba su aprecio y dedicación a la oración mental y su constancia en soportar la adversidad. Las aficiones mundanas que antes le seducían, dejaron de dominarlo. A los 28 años fue ordenado sacerdote y poco después fue asignado como formador del Seminario. Sin embargo, su trabajo en el Seminario fue interrumpido luego de que el Arzobispo de Guadalajara, Francisco Orozco y Jiménez, disolvió el Seminario a raíz de la detención de 120 sacerdotes.

Defensor de la santidad del matrimonio, ayudó a una jovencita que era perseguida por el militar Enrique Vera, antiguo condiscípulo suyo, negándole que contrajera nupcias porque ya estaba casado. Esto acarreó al padre Galván la enemistad del teniente, quien después se convertiría en su verdugo. Cuando el Padre Galván fue nombrado Vicario de Amatitán, fue aprehendido por órdenes de este capitán (de escasa moralidad y profundos resentimientos contra el sacerdote). El arresto no tenía sustento, por lo que el Padre David recuperó su libertad.

El sábado 30 de enero de 1915, hubieron en la ciudad violentos enfrentamientos revolucionarios y los padres David Galván y José María Araiza, se dispusieron a auxiliar a los moribundos y heridos. Cuando pasaban frente al viejo Hospital de San Miguel de Belén, fueron interceptados por Enrique Vera, quien ordenó su arresto inmediato. Fueron condenados, sin ningún juicio, a la pena de muerte. Sin embargo, un indulto salvó la vida del Padre Araiza; pero no tuvo la misma fortuna el padre Galván, quien junto a la barda del Panteón de Belén fue retenido.

Frente al pelotón de fusilamiento y sin perder su valor, el sacerdote distribuyó los objetos de valor que portaba. No quiso que le vendaran los ojos y frente a los encargados de ejecutarlo, se señaló serenamente el pecho para recibir las balas; sus últimas palabras fueron para sus verdugos: “Les perdono lo que ahora van a hacer conmigo”.

En junio de 1922 los restos del Padre David Galván fueron depositados en un templo próximo al lugar del martirio, la actual Parroquia de Nuestra Señora del Rosario, conocido comúnmente como el templo del Padre Galván.